La canoa, un miembro más de la comunidad

Talamanca, Costa Rica. Cortesía Oscar de la Cruz / El Colectivo 506

El comercio y el transporte mantienen la economía en funcionamiento. En la zona de Talamanca los medios de transporte son necesarios para el traslado de personas y artículos indispensables para la vida.

Los indígenas Bribris, una etnia ubicada al sur de Costa Rica y el norte de Panamá, poseen algunas costumbres ancestrales para la fabricación y uso de los medios de transporte fluvial, poco conocidas por los pobladores de las zonas urbanas.

Amplios ríos como el Yorkin que nace en Panamá y el Telire que nace en Costa Rica, se unen para formar el Sixaola marcando la frontera entre ambos países. En sus cauces se da el cabotaje. Estos ríos son importantes medios de comunicación, su navegación se realiza en diferentes tipos de embarcaciones.  

Hace muchos años se fabricaban en el país las canoas, embarcaciones de remos muy estrechas, ordinariamente de una pieza, sin quilla, y sin diferencia de forma entre proa y popa. Esta costumbre ha ido cambiando. Ahora para navegar en ríos pequeños de poco caudal o estrechos, se usan botes de madera con fibra de vidrio o pangas de aluminio.

En  Talamanca las canoas se continúan fabricando y se utilizan como medio de transporte de personas y mercadería. 

Por ejemplo, en actividades tan cotidianas como cruzar un río, las canoas son indispensables.  Primero se moviliza la canoa por la orilla corriente arriba, impulsada con una vara de madera larga con la cual  hacen fuerza contra el fondo del río, y luego: dependiendo de la habilidad del canoero, de la fuerza del agua y de la distancia a recorrer, este hace una maniobra para que la correntada lleve la canoa corriente abajo buscando la orilla contraria. Por este trabajo se cobra una módica suma y se presta un servicio de gran importancia para los vecinos.

En los ríos más anchos las canoas utilizan motor fuera de borda para cruzar. No es extraño ver pasar por el Telire, el Sixaola o el Yorkin una canoa llena de banano, dando la impresión que el agua la va a anegar. Este medio es importante para sacar la producción de los agricultores quienes de otra manera perderían la cosecha.

El arte Bribri de fabricar y movilizar una canoa

Para fabricar las canoas los indígenas Bribris buscan un árbol que reúna las condiciones de calidad, altura, ancho y tipo. No todas las maderas sirven, entre ellas la del cedro amargo es muy buscada ya que no es de las más pesadas y tiene gran resistencia, la de caobilla es abundante y fuerte pero pesa más.

El árbol a utilizar no necesariamente está cerca, en algunos casos se encuentra en la selva, donde la topografía es quebrada, a kilómetros del río. La canoa se hace en la selva y luego se lleva hasta la ribera.

Se toma la decisión de sacar la canoa cuando se encuentra en la fase final de fabricación. La presentación es rústica y se debe afinar después de sacarla de la selva. Según el tamaño del árbol se puede fabricar una canoa larga y otra corta de un mismo tronco.

Para llegar hasta el río con las nuevas canoas es necesario hacer una trocha en la montaña y empujar las canoas varias horas con la ayuda de los amigos y vecinos: es un trabajo comunal donde todos colaboran voluntariamente.

Empujando la canoa larga trabajan en equipo de 20 a 25 personas, 10 o 12 por costado. En la parte delantera se amarra un mecate fuerte y largo, el cual se sujeta a los árboles cercanos para evitar accidentes.  El encargado de halar el mecate una vez asegurada la canoa, lanza un fuerte grito que indica a los demás que deben empujar. Nuevamente tensa el mecate y grita, todos al mismo tiempo empujan y sube otro poco; de nuevo asegura la canoa, lanza un fuerte grito todos empujan, esto se repite varias veces hasta llegar a lo alto de la trocha.  Cuando los trechos son planos o con poca inclinación no se utilizan los mecates.

En las bajadas cambian la posición del mecate a la parte de atrás y se amarra nuevamente a un árbol, pero esta vez se va aflojando para evitar que la pesada canoa coja impulso y se golpee o golpee a los participantes.  

El avance es lento, requiere tenacidad y constancia pues a veces hay que subir o bajar y algunas trochas son angostas lo cual dificulta el trabajo.

Cuando todos están casi a punto del desmayo, llega el encargado de hidratar al grupo. Se detienen por un momento e inician un rato de diversión y descanso.

La bebida usual es chicha, la cual comparten con alegría, y la toman en un sólo guacal que pasan entre ellos hasta que se acaba. Entre risas y risas se vuelve a llenar el guacal y se continúa pasando hasta que de nuevo queda vacío, después de unos minutos se continúa el trabajo.

En el río se debe lidiar con las piedras, los troncos, en muchos casos deben sacar  la canoa del agua para rodear una catarata, en otros se queda pegada entre las piedras y la presión del agua la sostiene con fuerza y los hombres luchan incansablemente para arrancarla de los brazos del río. En algunas oportunidades se inclina la canoa y el agua logra subirse, cual pasajero que no pagó tiquete, aumentando considerablemente el peso.  Los hombres deben esforzarse para sacarla, pero el río no quiere que se vaya, la retiene con fuerza y no la quiere entregar.

Nuevamente deben usar el mecate para asegurar la canoa, no están dispuestos a perderla, es un pulso entre el río y los hombres. Los hombres conversan en voz baja para que el río no los escuche, para engañarlo y crea que ganó. Inclinan la nave para drenar el agua, aflojan el mecate, empujan con fuerza. Anteriormente habían cortado unas varas en la selva que las utilizan como palancas.

Por fin empieza la canoa a ceder y poco a poco la empujan. El encargado grita “más fuerza ya se movió un poco”, y se mueve otro poco, otro hasta que continúa corriente abajo.

Más de 30 minutos pueden pasar para lograr que la canoa flote con libertad. Todos quedan  agotados pero faltan unos pocos metros para llegar a las aguas mansas.  Sale un grito de lo más profundo de la garganta del guía: empujen, empujen. 

Por fin pueden descansar otro rato, y el guacal vuelve a circular. El silencio de la selva se cambia por las risas, el murmullo del río casi no se escucha, entre bromas todos comparten el triunfo: el peor de los rápidos ha sido superado, todos saben que lo más duro ya pasó.

Este esfuerzo de muchas horas es agotador y peligroso. No hay centros médicos cerca, si uno de los ayudantes llegara a quedar prensado podría morir o quedar muy maltratado y tomaría muchas horas para poder avisar del accidente. En estos casos la mejor alternativa sería acostar al herido en la canoa y con todos los riesgos que implica, pasando por rápidos, cascadas pequeñas, aguas mansas, remolinos y saber Dios qué más cosas, finalmente salir a dejar el herido en un lugar seguro.  

Esta actividad es una experiencia única, llena de alegría y colorido, compartida con personas alegres y trabajadoras que hacen un gran esfuerzo para ayudar a un amigo en la obtención de una canoa.

Al llegar donde el río es navegable ha nacido un nuevo miembro en la comunidad, un nuevo medio de transporte, un empujón al progreso de la zona, al cual le esperan varios años de trabajo, llevando personas, víveres, herramientas de trabajo, nuevos pobladores, turistas.

La canoa descansa después de un largo viaje a la orilla del río en su comunidad. Cortesía Oscar de la Cruz / El Colectivo 506

Oscar de la Cruz
Oscar de la Cruz es un empresario polifacético que a través de su vida se ha destacado a explorar y experimentar en campos distintos como fotografía, expedicionismo, conservación del medio ambiente, rescate y documentación de tradiciones indígenas, numismática. Oscar de la Cruz is a multifaceted businessman who throughout his life has stood out to explore and experiment in different fields such as photography, expeditionism, environmental conservation, rescue and documentation of indigenous traditions, numismatics.