La Carreta Típica Costarricense, símbolo de trabajo y tradición.

Un fuerte repique metálico marca un ritmo lento y casi relajante el cuál es interrumpido por esporádicos gritillos y ronquidos. Es la época de cosecha en el cafetal y poco a poco éste se va llenando de la música que transporta el grano dorado. Esa música es el canto de la cargada carreta, empujada por los bueyes que van al comando del boyero.

La Costa Rica del siglo XIX vio nacer y crecer a la carreta, un instrumento de trabajo indispensable en la exportación del café que trajo prosperidad a la joven nación. Por décadas, la carreta transportó toneladas de fruto maduro de café desde las empinadas cuestas de los cafetales del valle central, hasta las embarcaciones atracadas en el puerto de Puntarenas. Pero el ingenio detrás de la carreta va más allá de ser una herramienta, es el reflejo de una cultura.

Los agricultores y boyeros costarricenses echaron mano de sus raíces indígenas y españolas al unir un disco de madera con un anillo de metal y así, fabricar una rueda que no se estanca en el barro. Pero la rueda, que también se usó en otras partes de centroamérica, hace más que rodar y abrir surcos en el barro del cafetal, la rueda de la carreta costarricense “canta.” La madera y el metal de la rueda eran cuidadosamente seleccionados y ensamblados para producir un repique único, el cuál era orgullo del dueño de la carreta.

Con el tiempo la pintura se convierte en un elemento indispensable y único de cada carreta. Originalmente los colores, formas y paisajes que se pintaban en las ruedas y los paneles de la carreta ayudaban a identificar el origen del boyero. Sin embargo, esa decoración no era tan ostentosa como la conocemos hoy. Historiadores costarricenses dicen que la decoración de la carreta aumenta a medida que disminuye su uso en el duro trabajo del campo.

Por ello hoy en día, el color de la carreta siguen siendo un reflejo del orgullo del que la posee, pero más que representar una zona específica del país, los colores y formas que decoran la carreta son una muestra del arte popular costarricense.

La carreta fue declarada por el gobierno costarricense símbolo nacional del trabajo en 1988, como un esfuerzo por recuperar una tradición que empezaba a extinguirse a la sombra de los tractores y los camiones que hoy transportan el fruto de la tierra tica.

En el año 2005 la UNESCO declara la carreta como Patrimonio Intangible de la Humanidad, al reconocer que el uso de la carreta se esta extinguiendo y al mismo tiempo se extingue el conocimiento de cómo se fabrica y decora.

Estos dos reconocimientos le han dado una nueva importancia a la tradición de la carreta y el boyero, y es por eso que aunque ya no se escucha su canto en los cafetales y las plantaciones, si se escucha en las fiestas y celebraciones patronales de casi todos los pueblos y ciudades de Costa Rica.


Una versión anterior de este artículo se publicó en Nature Landings, la revista a bordo de Nature Air.