Por amor al fuego

El calor explota en la boca: él se ríe cuando la comprensión se refleja en el rostro de un visitante cuando reconoce que lo que está probando es un humilde grano de pimienta.

Una llama en la lengua, hormigueo, luego adormecimiento: él explica que el tallo que estamos masticando contiene lidocaína y fue utilizado por los indígenas para el tratamiento del dolor.

Cacao cocinado. Monica Quesada Cordero / El Colectivo 506

El sabor y la textura que da el horno, que comienza como un crujido seco y desconocido pero que de repente nos transporta a tortas, mousses y pasteles: él sonríe, habiéndonos revelado otro paso en el proceso de convertir el cacao en chocolate.

Don Gerardo Solórzano dice que creció amando las plantas y su alquimia, la forma en que pueden cambiar de forma con un poco de calor. Una hoja frotada entre los dedos, raíces y tallos hervidos para hacer tés y cataplasmas. Él lleva a sus visitantes por esa línea, disfrutando de su confusión y sorpresa, cortando trozos de esto o aquello, arrojando muestras y trozos de historia, ideas que extrae de los árboles y plantas como si fueran páginas de un libro de historia. Para nosotros, sin embargo, sin Gerardo, las plantas hubieran sido mudas. Esto habría sido solo un bosque.

Junto con su esposa, Runia Cerdas—quien apaga el calor de la tarde sirviendo a los visitantes leche con chocolate casera, helada y de cosecha propia que es la materia de los sueños—y su hijo, Warner, Gerardo ahora se especializa en avivar fuegos que transforman cacao al chocolate. Es el alquimista que aviva el fuego, transformando el interior jugoso de los frutos rojo rubí en puntas quebradizas, esas puntas quebradizas en cintas de pasta brillante. Es agricultor de cacao, fabricante de chocolate, empresario turístico.

Pero también es, irreprimiblemente, un maestro. Profesor de plantas. Una especie de abuelo instantáneo e imaginado que nos lleva a un mundo donde algo tan simple como una hoja puede ser un juguete, una sorpresa. Donde todo puede ser posible. Él mismo lo cree, desde que el fuego vino por él, con enfermedad y dolor en las articulaciones. “No podía caminar más de 100 metros”, dice, pero las plantas lo curaron. Eucalipto, limón amargo, otras cosas misteriosas que una señora le arrancó del bosque.

“Prueba esto”, dice, una y otra vez. El grupo se saborea, preguntándose, sintiendo un indicio de algo que, cuando se hierve, se fríe, se calienta, sería completamente familiar. Entonces se enciende una papila gustativa, como un fósforo encendido en la oscuridad. “¡Ajá!”

Gerardo sonríe.

Don Gerardo con un fruto de cacao en la mano. Katherine Stanley Obando / El Colectivo 506

Fotos ilustrativas por Mónica Quesada Cordero. Texto por Katherine Stanley Obando, inspirado en un recorrido en Tree Chocolate en Bijagua, Alajuela (visite su página web o Facebook, o comuníquese por WhatsApp, 8629-5537). Nuestra serie semanal Media Naranja captura historias de amor y afecto con un toque costarricense. Durante nuestra edición de abril, “Camino al andar”, nos enfocaremos en los miembros piloto de nuestra plataforma nacional de turismo rural, Directorio 506, y mostraremos su amor por la tierra, el aire, el agua y el fuego.