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viernes, septiembre 17, 2021

Cuando papás son los docentes

Se corre el telón para nosotros, aunque en ese momento, parece aburrido: largas y esperanzadas horas en el aula antes de que comience el curso lectivo, la escuela tan callada como una iglesia, la pizarra impecable. Los hijos de los maestros conocen esos pasillos vacíos, la mayoría de las puertas cerradas y oscuras, algunas abiertas para revelar hechos misteriosos en su interior. Las ventanas enmarcan el sol de verano y estamos resentidos, o resignados, o encantados de estar mirando desde adentro, dependiendo de nuestra preferencia por el verano o la escuela, por mejengas o cuadernos nuevos.

Reclamamos esa pizarra, garabateando en una esquina que es solo nuestra. Caminamos entre los escritorios, escuchamos los nombres de otros maestros — nuestra madre, nuestro padre, llega a llamarlos así! Guardamos en el bolsillo este conocimiento escandaloso, inflados. Esa es la ventaja de estar entre bastidores.

Sabemos cómo se preparan las aulas. Más importante aún: sabemos lo que llega a casa. Los formularios y exámenes cubren las mesas. Sacos de cuadernos llenan el pasillo. Si los maestros son nuevos en esto, vemos agonía. Si son experimentados, son rutinas en piedra, y las corrientes de estudiantes desgastando la roca un poco más cada año.

Vemos el trabajo detrás de las cosas, desde el principio. Entonces, como hija de mi madre, en nombre de todos los hijos de los maestros, permítanme decirles esto a las madres, los padres, que se han esforzado en casa este año (en Zoom, o enterrados en fotocopias, o totalmente descuidados. Inventando sobre la marcha en cualquier caso. Insistiendo a la par de codos pequeños, regañando, arrepintiendo, abrazando, arreglando. Nos dimos por vencidos y los llevamos a pasear. Nos dimos por vencidos y lloramos). Se lo prometo: nos unimos a un club honorable este año. No a través de nuestra habilidad, sino a través de nuestro sudor.

Como todos los hijos de maestros, los nuestros recordarán sobre todo el destello del trabajo, las horas agotadoras que creemos que no se dan cuenta. Las manos que se alzaron hacia el cielo con frustración; amor trabajador, torpe.

Si no recuerdan luego, enséñeles esto.

Texto de Katherine Stanley Obando, inspirado en el artículo de Emma Durán Mora sobre su madre, La Niña Gladys de Durán—y por su propia madre y maestra de tercer grado, Anne Stanley. Nuestra serie semanal #MediaNaranja, que narra el amor de todo tipo, está dedicada este mes a los docentes. inspired by Emma Durán Mora’sn mother and third-grade teacher, Anne Stanley.

https://elcolectivo506.com/edicion-actual-3/lecciones-aprendidas/la-nina-gladys-entre-mapas-y-numeros/

 

Katherine Stanley Obando
Katherine (Co-Fundadora y Editora) es periodista, editora y autora con 16 años de vivir en Costa Rica. Es también la co-fundadora de JumpStart Costa Rica y Costa Rica Corps, y autora de "Love in Translation." Katherine (Co-Founder and Editor) is a journalist, editor and author living in Costa Rica for the past 16 years. She is also the co-founder of JumpStart Costa Rica and Costa Rica Corps, and author of "Love in Translation."

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