Jugamos con todo corazón

Si tan solo hubiéramos venido preparados, pensé cuando encontramos, aparentemente por casualidad, una cancha de fútbol en la finca de papas.

Pero yo era la única que no estaba lista. Resultó que los ticos que caminaban conmigo ese día por el Sector Prusia del Parque Nacional Volcán Irazú sabían muy bien que pasaríamos por allí. Sacaron una camiseta aquí, una bola allá, tacos de todas partes. Eligieron lados casi sin palabras. Era un ritual que habían realizado cientos de veces desde la infancia. 

Quedé atrás, dudando, pero el muchacho que me había invitado ese día me hizo un gesto rápido: adelante.

 ¿Ella va a jugar?” le preguntó alguien a mi amigo, en voz baja.“Claro, mae”, respondió él. Ahora me doy cuenta de que realmente no estaba tratando de quedarse bien conmigo: su respuesta automática provino de un sentido de justicia profundamente pragmático que yo llegaría a conocer bastante bien. 

En medio de los signos de exclamación de mis 20, sentí que algo cambió ese día. En medio de los “si -tan-solo-hubiera-sabido” de mis 40, puedo ver que ese día, al menos, yo sabía. Por eso prestaba tanta atención a la forma en que él me incluyó, lanzando a una extranjera, para nada deportista, entre sus amigos sin pensarlo dos veces. 

Por supuesto, había límites. Si hubiera sabido que 15 años después, llegaría un año que sería como un solo día, una desinfección interminable; que el fútbol, ​​las excursiones, incluso los amigos se habrían ido; que estaríamos solos, yo construyendo un trabajo por pura voluntad mientras mi esposo estudiaba,  limpiaba y cuidaba a nuestra hija, y me dejaba intentar… si hubiera sabido todo eso, lo habría entendido mejor. Habría entendido por qué, en medio de toda la emoción y la novedad, lo único que realmente importaba eran esas palabras: “Claro, mae“. Por supuesto que ella juega. Por supuesto que lo intenta.

No jugué muy bien ese día, pero corrí tan fuerte, sonriendo a través de la espesa niebla de Cartago. Jugamos con todo corazón, él y yo. Todavía lo hacemos. 

Texto de Katherine Stanley Obando. Foto por Pamela Fuster. Nuestra serie dominguera, #MediaNaranja, recopila breves historias de amor con conexión costarricense: romances, amistades, amor por humanos, animales, cosas, lugares, ideas. Para compartir sus propias ideas para que las historias se presenten en este espacio, escríbanos a katherine@elcolectivo506.com.