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miércoles, mayo 25, 2022
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Los diputados de Costa Rica, parte 1: Posesión del balón

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Primera de una serie de cuatro partes, “La alineación”, que analiza a los jugadores que dominarán la cancha legislativa de Costa Rica entre 2022 y 2026: los 57 miembros de la Asamblea Legislativa. Como una organización de medios comprometida con el periodismo de y sobre las regiones rurales del país, estamos analizando cómo se elige a los legisladores de las áreas rurales y qué hacen una vez que están en la asamblea.

Cuando Priscilla Vindas nació con solo seis meses y medio, sus padres viajaron hasta dos horas de ida y vuelta al hospital para visitar a su bebé prematura después de cada día de trabajo. Su mamá y su papá son agricultores de la zona rural de Alajuela, Costa Rica, pero al igual que algunos de sus amigos y parientes, emigraron a Nueva Jersey por un tiempo para trabajar y ahorrar dinero, así que hicieron esas visitas al hospital en la nieve. Vivían a sólo media hora, más o menos, del hospital, en circunstancias normales. Sin embargo, ese invierno tan severo había hecho que el tránsito fuera casi imposible.

“Todavía no tenía uñas, ni cejas”, recuerda Priscilla, sentada en el patio trasero de una casa en el pueblo de Poró de Grecia, a unos 20 minutos de Naranjo, el pueblo agrícola donde pasó la mayor parte de su niñez y adolescencia. “La gente del hospital dijo que mis padres estaban locos [por viajar tan lejos todos los días en lugar de quedarse cerca], pero tenían que ir a su trabajo”.

Es difícil no seguir pensando en esta historia más tarde cuando los miembros del Frente Amplio dan inicio a su reunión. Antes de iniciar esta reunión postelectoral, organizada por un compañero del partido que ha ofrecido su casa por el día, algunos se saludan afectuosamente: se conocen desde los primeros días de este partido de 20 años. Otros son estudiantes que apenas tienen dos semanas de ser miembros activos del partido. Siguiendo el orden de presentación alrededor de la mesa, cuentan un poco sobre sus vidas y lo que los trajo aquí. El perro del dueño salta entre invitados, hace nuevos amigos y observa detenidamente las repostería en la mesa.

Priscilla, una modesta joven de 28 años que viste jeans y una camiseta negra sin mangas, encaja perfectamente con el grupo, pero cuando es su turno, ella, a diferencia del resto, se pone de pie.

“Soy la legisladora electa de Naranjo”, dice.

Priscilla dice que ella siempre llega temprano a todo lado. Lo hizo al nacer, para esta reunión y para su nuevo trabajo: en un hito profesional que generalmente se logra más tarde en la vida. Pero cuando esta politóloga cruce las puertas de la sala de sesiones plenarias del enorme edificio de la Asamblea Legislativa de Costa Rica el 1 de mayo, no se destacará sólo por su edad. Ella también será parte de la minoría porque es de la zona rural de Costa Rica.

Priscilla Vindas se dirige a otros miembros de su partido. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506

La mayoría de los costarricenses saben que este es uno de los países más desiguales del planeta. Probablemente también sepa que, si bien esa desigualdad ciertamente está presente en la capital San José, muchas de las brechas más grandes de Costa Rica se alinean con el anillo de montañas que rodean el Valle Central: ingresos, empleo, nivel educativo, acceso a servicios y percepción positiva de las entidades políticas, son todas inferiores en las zonas rurales. El 6 de febrero de 2022, la desconexión de estas comunidades del gobierno central del país fue noticia por las tasas de participación electoral históricamente bajas en las áreas rurales.

En los días posteriores, muchos han lamentado esa baja participación rural y se han preguntado por qué tanta gente se quedó en casa. Sin embargo, después de docenas de conversaciones con líderes de todo el espectro político, surge una pregunta diferente: ¿por qué tantos se tomaron la molestia de participar?

En un país donde la representación geográfica en la Asamblea Legislativa es tan tenue, y cuando el camino al poder para los residentes rurales es tan complicado, si no es que está bloqueado por completo, ¿cómo se han mantenido los residentes rurales involucrados en la política legislativa?

¿Se pueden reformar los sistemas que un exdiputado de un partido tradicional llama “desgastantes, excluyentes… y patriarcales” para que las zonas costeras y rurales de Costa Rica se sientan y estén más justamente representadas en la legislación del país?

Finalmente: ¿qué pasará con Costa Rica si esos cambios nunca llegan?

Priscilla Vindas con Lucky, el perro del anfitrión de la reunión con sus electores. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506

Representación que no representa

Antes de que podamos intentar comprender los factores que llevaron a Priscilla Vindas a ese patio trasero en Grecia, escuchando a sus electores, alejémonos para revisar algunos conceptos básicos. Porque una de las primeras cosas que hay que entender cuando se mira la representación rural en la Asamblea Legislativa es que las reglas legislativas de Costa Rica no aseguran, ni siquiera incentivan, la representación rural. De hecho, es todo lo contrario. Y algunas de las estructuras partidarias que consiguieron que las comunidades rurales se sentaran en la mesa se desintegraron al mismo tiempo que la era bipartidista.

Matemáticamente hablando, cada uno de los 57 legisladores de Costa Rica representa aproximadamente a 80.000 personas en Costa Rica. La serie documental del año pasado Animales Políticos señaló que esta proporción está muy por encima de la de otros pequeños países latinoamericanos como Panamá, con 45.000 personas por legislador, o Uruguay, con 30.000. El documental también nos recordó que los formuladores de la Constitución de 1949, cuando un legislador representaba a 15.000 costarricenses, previeron que se agregara un nuevo legislador por cada 30.000 personas una vez que la población superara los 1.35 millones.

Sin embargo, esto nunca se hizo, y si queremos ver que se haga, hay que esperar sentado.. Agregar más legisladores y costos relacionados a una entidad tan menospreciada como la Asamblea Legislativa de Costa Rica probablemente sería tan popular como el nuevo edificio de la asamblea, una torre cuyo diseño ha sido comparado desfavorablemente con la prisión de Azkaban de las películas de Harry Potter.

Así que son 57 diputaciones distribuidas por el Tribunal Supremo de Elecciones entre las provincias, con base en población (San José 19, Alajuela 11, Cartago 7, Heredia 6, Guanacaste 4, Puntarenas 5 y Limón 5).

El edificio de la asamblea legislativa. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506

 

¿Cómo se eligen los legisladores?

En el sistema electoral proporcional de Costa Rica, los partidos eligen la papeleta legislativa que quieren presentar para cada provincia. Esto sucede a través de elecciones internas donde, en algunos partidos, el candidato presidencial tiene una influencia masiva. Una vez definidas las papeletas por los partidos, los electores eligen el partido que quieren que represente a su provincia. (En febrero de 2022, los votantes se enfrentaron a una vertiginosa variedad de opciones; para continuar con el ejemplo de Priscilla Vindas y su provincia de Alajuela, los votantes eligieron entre la pasmante cantidad de 28 partidos nacionales y regionales en su papeleta legislativa). La cantidad de legisladores que cada partido puede enviar a la asamblea legislativa se basa en el porcentaje general que obtienen del voto en cada provincia. Dependiendo de esos resultados, un partido puede quedar completamente fuera de la asamblea; si logra el porcentaje o corte básico, envía solo al primer candidato en la lista; si duplica eso, entonces envía los dos primeros; y así. Durante el mes, explicaremos las matemáticas alucinantes que intervienen en este proceso.

 

Si los legisladores fueran elegidos directamente, esto podría resultar en que los 11 legisladores de Alajuela provengan de toda la provincia, pero debido a nuestro sistema de elección proporcional, los partidos tienen un fuerte incentivo para llenar sus boletas legislativas con personas de los pueblos y ciudades más grandes de una provincia: los de mayor reconocimiento de su nombre y con más conexiones, explica Vanessa Beltrán, del Centro de Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica: “Normalmente las personas que encabezan los partidos vienen de las cabeceras de las provincias”. El segundo lugar en la papeleta podría ir para alguien de la segunda ciudad más grande, como Ciudad Quesada en el caso de Alajuela. Pero los pueblos más pequeños a menudo se quedan en el olvido y corren un mayor riesgo de exclusión.

Puede ver esto en acción en nuestro mapa que muestra los distritos de votación en los que los legisladores de Costa Rica 2022-2026 votaron en febrero, según el Tribunal Supremo de Elecciones, lo cual da al menos una idea aproximada de los lazos comunitarios de los legisladores.

 

¿Los costarricenses votan donde viven?

No necesariamente. Dado que el día de las elecciones siempre es un domingo, es común que los costarricenses no cambien su distrito electoral aunque se muden a otra parte del país. Alguien que crece en Los Chiles puede pasar toda su vida adulta en San José, pero regresa a casa para pasar un fin de semana con su gente cada día de las elecciones. Por supuesto, incluso se ha observado que algunos políticos establecen una residencia en un nuevo distrito electoral con el propósito expreso de ser elegidos en esa región. Y, por supuesto, el distrito electoral en una hoja de papel no es forma de evaluar el compromiso de una persona con ciertas regiones, poblaciones o valores. Aún así, estos datos proporcionan al menos una medida de las conexiones comunitarias de los legisladores.

“Es un calvario”, dice Eduardo Rojas, miembro del Partido de Liberación Nacional (PLN) y activista indígena en lo que se llama “sur-sur”, las regiones rurales de la provincia de Puntarenas que rara vez pueden competir con las capitales provinciales por un primer puesto en una boleta legislativa. “Todo empieza porque el sistema jurídico costarricense, el sistema electoral, y el sistema [de los partidos] no le dan espacio a las comunidades rurales. ¡No le dan! Porque sencillamente no son la cantidad de votos [deseada].”

Más partidos, menos legisladores rurales

Es más, políticos y analistas explican que la proliferación de partidos en la Asamblea ha hecho más difícil, no más fácil, que las comunidades rurales obtengan un asiento en la mesa. Uno podría pensar que la dramática desaparición del sistema bipartidista de Costa Rica en las primeras décadas de este siglo podría haber abierto las puertas a representantes de nuevos lugares y orígenes, y ocasionalmente, esto es cierto, como exploraremos la próxima semana. Pero debido a que el sistema incentiva a los partidos a colocar a más candidatos urbanos en la parte superior de sus listas, los legisladores rurales que generalmente se encontraban en la parte inferior de la lista ahora quedan completamente excluidos.

Una ventana del edificio de la Asamblea Legislativa que mira hacia el oeste de San José. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506

“Había dos tipos de diputados: los nacionales, que eran élites, y luego los locales. Su trabajo era votar con el partido… y mantener a la gente contenta en el nivel local”, explica el politólogo Fabián Borges. “De hecho, lo que harían los dos partidos es casi dibujar distritos invisibles dentro de la provincia y dárselos al diputado. ‘Estás a cargo de mantener feliz a Naranjo’; ‘usted es el encargado de mantener contento a Pérez Zeledón’. Esa fue una gran parte de su misión”. Estos legisladores “locales” fueron apoyados en esta misión por la partida específica, esencialmente un fondo discrecional para las necesidades locales, que fue eliminado en una reforma de 1998, explica Fabián.

Los políticos que hablaron conmigo para esta edición me confirmaron que las asignaciones internas a una determinada región todavía se dan, pero en un sistema multipartidista y sin la partida específica, las conexiones se diluyen. Priscilla es la única legisladora del Frente Amplio por la provincia de Alajuela. Otros dos entrevistados, el legislador saliente Gustavo Viales de Liberación Nacional y el legislador electo Yonder Salas del Partido Nueva República, son uno de los dos representantes de cada partido en sus provincias; ambos explican cómo trabajan sus vastas provincias (Puntarenas para Gustavo, Limón para Yonder) entre dos personas.

En cualquiera de los escenarios, la misión de “mantener feliz a Naranjo” ha perdido su enfoque, para bien o para mal, como exploraremos la próxima semana. Una Asamblea más fragmentada ha significado una Asamblea más metropolitana. Y sin rendir cuentas a un partido más grande para mantener un territorio específico comprometido y satisfecho con el trabajo de ese partido en su nombre, los legisladores tienen pocos incentivos para responder a sus regiones rurales. Es decir, si lo logran es por su propia voluntad.

“Vos sos la encargada de llevar los temas [rurales]” a la Asamblea, dice Karla Prendas, quien se desempeñó como legisladora del PLN por Puntarenas de 2014 a 2018. “El sistema es tan centralista que si no tenés claro eso, te ponen la agenda nacional nada más”.

Miembros del Frente Amplio en Grecia se reúnen con la diputada electa Priscilla Vindas. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 50

¿Qué está en juego?

La mayoría de los sistemas democráticos favorecen los centros de población: siempre es un juego de números. Y todo proceso electoral tiene sus defectos. Pero en Costa Rica, la razón por la cual la relación entre la Asamblea Legislativa y las comunidades rurales es tan importante, una relación que nunca fue realmente saludable y justa, según nuestros entrevistados en general, pero que también se está deteriorando aún más, es que los votantes rurales se están desconectando. Un titular de La Nación posterior a la elección decía simplemente que “las zonas alejadas de la GAM [Gran Área Metropolitana] dejaron de votar”. El artículo en sí mostró cómo en las elecciones de 1986 la participación no tuvo un fuerte sesgo urbano-rural —algunas comunidades rurales mostraron tasas de votación de alrededor del 90%, superando las de algunas áreas urbanas— pero ese panorama ha cambiado drásticamente. El pasado 6 de febrero, las tres provincias costeras, Puntarenas, Guanacaste y Limón, muestran las tasas de participación electoral más bajas, con Puntarenas por debajo del 50%.

Según algunas de las personas con las que hablé, realmente no hay razón para creer que esto no va a seguir empeorando. Esto se debe a que, en términos de alcanzar el poder, tanto en la Casa Presidencial como en la legislatura, los partidos tienen pocos incentivos para invertir tiempo y energía en sacar el voto en las zonas rurales.

“Tanto en la elección de 2014 como el 2018, el PAC gana la elección producto de la votación en los centros urbanos, especialmente en la GAM”, dice José María Villalta, legislador saliente y dos veces candidato presidencial del Frente Amplio. “Esto a pesar de casi no tener estructura en las provincias costeras”.

Vanessa Beltrán señala a Rodrigo Chaves—quien aterrizó en la segunda vuelta presidencial y cuyo nuevo Partido Progreso Social Democrático, dirigido por la popular ex presentadora de noticias de televisión Pilar Cisneros, hará su debut en la Asamblea con una muestra relativamente grande de nueve legisladores—como el ejemplo líder de 2022. Sin historia ni estructura partidaria, ni base rural, logró un resultado sobresaliente tanto en las elecciones parlamentarias como presidenciales. ¿Por qué otras organizaciones deberían abordar las cosas de manera diferente?

Si estas tendencias continúan, los resultados serán nefastos.

“No hay vacíos en la vida social”, dice José María Villalta. “¿Quién está tomando el poder? El crimen organizado… y ante la falta de presencia del Estado, de pronto surgen iglesias de distinto tipo, normalmente no católicos”. En otras palabras, si los partidos políticos optan por continuar desviando su atención de las áreas rurales, el tejido social deshilachado de Costa Rica continuará desgarrándose, con fuerzas alternativas ganando el control de la periferia del país.

Entonces: ¿quién está tratando de sacudir las cosas?

¿Se pueden hacer cambios en el campo, sin revolucionar las reglas mismas del juego?

¿Quiénes son los jugadores (legisladores del pasado, presente y futuro, abogados y médicos, maestros y activistas, jóvenes y viejos, partidarios empedernidos, nuevos adherentes al partido) que están tratando de forjar un futuro alternativo?

Siga con nosotras.

La próxima semana: Cómo los pequeños partidos están creando nuevas multitudes y alzando su voz en nombre de las regiones rurales.

Katherine Stanley Obando
Katherine (Co-Fundadora y Editora) es periodista, editora y autora con 16 años de vivir en Costa Rica. Es también la co-fundadora de JumpStart Costa Rica y Costa Rica Corps, y autora de "Love in Translation." Katherine (Co-Founder and Editor) is a journalist, editor and author living in Costa Rica for the past 16 years. She is also the co-founder of JumpStart Costa Rica and Costa Rica Corps, and author of "Love in Translation."
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