Cecibel Romero: la maestra del periodismo de datos que no dejó de reportear

Este perfil destaca a Cecibel Romero, referente salvadoreña del periodismo de datos y en defensa de la democracia en Centroamérica, como parte de la serie regional de Revista Factum y La Sala, Mujeres en la Redacción.

Cuando en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de El Salvador le propusieron enseñar periodismo, Cecibel Romero ya trabajaba en La Prensa Gráfica. Aunque la docencia le interesaba, pensó que todavía necesitaba madurar en el oficio antes de compartirlo con los estudiantes. Tres décadas después, es considerada una referente de la formación en periodismo de datos en la región. 

Los horarios apretados y las jornadas extenuantes que no le permitían ver los atardeceres, hicieron que la propuesta de enseñar en los salones de clases quedará guardada durante años.

Aunque su padre no quería que estudiara periodismo, debido a la convulsión social de la guerra civil, Romero comenzó en esa carrera en la Universidad de El Salvador (UES) en 1989. Tras el cierre temporal del alma máter pública, afectada durante la ofensiva entre militares y guerrilleros de ese año, tuvo que cambiarse de institución. 

En 1990 se matriculó en la UCA, la misma universidad donde ejercería la docencia por primera vez. 

Su padre, maestro, crítico de la realidad nacional y atento a las  noticias, era consciente de los riesgos que implicaba el oficio en medio de una guerra. Las noticias transmitidas por la radio estaban presentes en la casa de los Romero desde temprano, y fue allí donde Cecibel se familiarizó con las jornadas informativas. 

La universidad le abrió las puertas  al pensamiento crítico y la acercó a la realidad de El Salvador. Las materias de historia y de análisis de hechos contemporáneos le ayudaron a conocer de dónde surgieron los conflictos sociales y cómo se mueven los intereses.

Cecibel y su libro Kaffee, donde profundiza sobre la producción de café y el medio ambiente. Cortesía Revista Factum / El Colectivo 506

De la guerra al periodismo de investigación

Romero comenzó a trabajar como periodista en 1996, en Canal 12, cuando surgió una apuesta por el periodismo en profundidad. 

Apoyó a los reporteros en sus investigaciones mediante el prereporteo, en una época en la que no existía el internet como herramienta cotidiana de consulta. La evidencia, las pistas o pruebas estaban escritas en papel, por eso, su trabajo consistía en consultar memorias de labores, leyes, documentos y revisar el archivo visual para sus investigaciones. 

Después, Romero pasó a coordinar uno de los noticieros, donde jerarquizó la información y definía las coberturas. Allí conoció la adrenalina de las horas de cierre y las exigencias de la producción audiovisual.   

En 1998 llegó a  La Prensa Gráfica para fundar la revista de investigación Enfoques, como parte de las apuestas editoriales que florecieron en plena postguerra, impulsaron el crecimiento de las redacciones y apostó por la profesionalización del oficio. Una tarea complicada, debido a que el periódico de la competencia El Diario de Hoy, también había lanzado su revista de investigaciones, Vértice. 

Comenzó como periodista, pero su liderazgo la llevó a coordinar y editar al equipo durante cinco años. “Lo cual era una molestia conmigo misma, porque yo quería estar más en el campo y siempre volvía a caer en la parte de coordinación y administrativa. Anduve luchando por la vida con eso”, dice Romero a Revista Factum y La Sala, Mujeres en la Redacción. 

En esa misma redacción asumió un nuevo reto al integrar el equipo multimedia, cuando La Prensa inició su transición a la era digital, en medio del escepticismo y debates que generaba el internet. Su tarea fue transformar los reportes impresos en audios y videos.

Margarita Funes, jefa de Información Multimedia de La Prensa Gráfica, define a Cecibel Romero como una buscadora incansable, una mente curiosa y una mujer noble.

“Estas tres características hacen de ella una periodista rigurosa, que no se cansa de buscar hasta dar con el dato que va a sellar su investigación. Eso lo combina tan bien con una sensibilidad peculiar que queda plasmada en sus historias, en la manera de abordar a sus fuentes”, dijo a Revista Factum. 

Trabajar junto a Cecibel para Funes fue aprender a dudar con propósito, a afinar su curiosidad, saber que los entrevistados son más que una fuente, son seres humanos que merecen un trato digno.

“Es una maestra paciente y estratégica para llevar a quien está a su lado por el camino de la rigurosidad periodística, porque no hay otro si se quiere ser fiel a la vocación y al ejercicio”, recalcó Funes. 

Aunque no es una característica académica o profesional, Funes destaca en Romero ser “una mujer noble, lo cual cierra un círculo de ella como una persona a la que considero absolutamente íntegra”.

Corresponsalías y la apuesta colaborativa

Después de varios años en el periódico, Romero se sentía agotada por la dinámica de trabajo y decidió renunciar debido a las decisiones editoriales con las que no estaba de acuerdo, así como la censura, los miedos y las presiones. 

En 2007 tuvo la oportunidad de reinventarse y retarse nuevamente. Obtuvo un contrato de medio tiempo con colegas alemanes que tenían una cooperativa de periodistas con un sistema de producción informativa basado en corresponsales en distintas partes del mundo. 

Los procesos electorales, el medioambiente y la crisis de derechos humanos eran de interés europeo. “No fue fácil por el idioma, pero eso me permitió conocer este trabajo de acercamiento de la realidad de otros países. Viajé a Nicaragua, Guatemala, a Cuba, a Haití, a Honduras a hacer trabajo de corresponsal”, explicó. 

El terremoto que sacudió Haití en enero de 2010 marcó su carrera. Aún recuerda las imágenes de las zonas devastadas.

Las coberturas geopolíticas, como el golpe de Estado en Honduras en 2009 y la transición económica en Cuba, también ocupan un lugar importante en su carrera profesional. 

Cecibel Romero durante su trabajo de reportería en Haití. Cortesía de Revista Factum / El Colectivo 506.

El retorno a las aulas

En 2014, el declive en la financiación para el trabajo de corresponsalía llevó a Romero a dedicarse al área de formación para periodistas que buscaban especializarse en investigación y datos. Se unió a iniciativas continentales impulsadas por organizaciones como Conectas, Internews e International Women’s Media Foundation (IWMF, por sus siglas en inglés). 

Las experiencias en esos espacios regionales le dejaron un buen sabor de boca al ser el inicio de una nueva apuesta: el periodismo colaborativo, una práctica que entonces era una rama con pocos precedentes. Compartir enfoques e información entre colegas no era habitual.

“No era aceptado, que (las colaboraciones) te pueden hacer crecer, como se hace ahora que publicás algo y lo comparten diez medios en distintos países. Antes se pensaban esquemas de exclusividad, de egos y golpear a los colegas, no tanto cómo esto impacta más o un trabajo que va a ser mejor recibido al tener una mejor amplificación”, detalló.

Romero está convencida que la colaboración contribuyó al éxito en la difusión e impacto en temas como el #Petrofraude, en la que coordinó parte de un equipo de periodistas de seis países. La investigación evidenció la corrupción en el continente vinculada con dinero venezolano. 

Romero es reconocida por la formación de periodistas que están enamorados de los números y que elaboran bases de datos para sus investigaciones. Su amor por la documentación nació antes de iniciar su carrera en los medios de comunicación. 

En la UCA trabajó en el Centro de Información y Apoyo a la Investigación (CIDAI),  encargada de gestionar el archivo de periódicos y revistas. “Mi primer trabajo frente a una computadora fue resumir noticias para que se quedaran en un archivo. Allí surgió esa fascinación”, recuerda.  

También trabajó junto con Salvador Samayoa, firmante de los Acuerdos de Paz de El Salvador, en la elaboración de un libro Reforma Pactada que describió ese proceso. Su función era organizar el archivo de las conversaciones que ocurrieron durante las negociaciones. 

Leer, clasificar y seleccionar archivos para los capítulos del libro la sedujo al mundo de las letras. “Siempre he tenido claro la importancia de los datos y de la documentación. Amo enfrentarme a documentos y buscar en bases de datos, descubrir cosas allí es algo que asumí desde hace mucho tiempo”, confiesa.

Con los años, el liderazgo de Romero trascendió las redacciones locales para convertirse en un punto de referencia en el gremio centroamericano. En redes latinoamericanas como Conectas, Internews o IWMF, su nombre es sinónimo de rigor en el periodismo de datos y la fiscalización del poder. Para diversas generaciones de periodistas formados en la UCA y en talleres regionales, su metodología sentó las bases sobre cómo transformar archivos físicos y bases de datos opacas en investigaciones de alto impacto público.

Docencia e investigación durante la pandemia

Durante la pandemia del Covid-19, en 2020, mientras los salvadoreños estaban bajo medidas de confinamiento obligatorio, Romero encontró una oportunidad para reinventarse en el reporteo, del que se había alejado por diversos motivos. Comenzó a publicar investigaciones relevantes con el medio especializado Salud con Lupa.

Entre otros temas, investigó la oficina de más de $50,000 que el ministro de Salud, Francisco Alabí, se regaló en plena emergencia sanitaria; el sobreprecio de protectores faciales; de la falta de evidencias sobre la efectividad de la ivermectina; el sombrío proceso de vacunación, y el aumento de las muertes por el virus en el Seguro Social. 

En 2023, su trabajo también destacó al revelar cómo un contratista que vendió un medicamento falso contra Covid-19 volvió a ganar millonarios contratos con instituciones del Estado salvadoreño.  

Romero valora especialmente haber investigado temas sobre salud pública en medio de la suspensión de la movilidad de la población y la falta de información pública, ya que este trabajo le permitió acercarse a una de las áreas que, a su juicio, el periodismo ha desatendido históricamente.

Retos actuales de los periodistas salvadoreños

Para Romero, mantener viva la memoria en un momento histórico de violaciones a derechos humanos es fundamental para el periodismo. Su trayectoria le ha permitido documentar los retrocesos que vive El Salvador, tras la pérdida de los derechos humanos conquistados después del conflicto armado. 

El reto, sostiene, es seguir revelando información relevante en un contexto en que las instituciones no brindan información y en el que existe una oleada de desinformación en internet. 

Haber ejercido el derecho al acceso a la información pública, a través de una ley aprobada en 2011, fue maravilloso para la periodista que hoy habla sobre ese tema con nostalgia. 

Antes de esa ley, conseguir información dependía de la habilidad del periodista o de encontrar la fuente indicada para obtenerla. La nueva herramienta permitió revelar importantes casos de corrupción. 

Romero recuerda que, en aquel momento, los oficiales de información de las oficinas públicas orientaban a los periodistas sobre cómo formular sus solicitudes. Esa práctica quedó en el pasado en El Salvador. Aunque la ley sigue vigente, denuncia que el bloqueo gubernamental dificulta su aplicación. 

“Ahora muchas instituciones ni te contestan, ni sabés cómo pedir, porque han quitado los formularios (de las webs). Hubo un retroceso y además se llegó a niveles de polarización y criminalización de la profesión”, lamenta. 

Las advertencias de su padre sobre los riesgos de la profesión cobran sentido, aunque El Salvador ya no esté en guerra. La falta de acceso a la información pública, las amenazas desde las entidades que gobiernan que ha provocado el exilio a decenas de colegas y la autocensura de quienes permanecen en el país pesan al evaluar las condiciones para ejercer el periodismo.  

Aún así, Romero sostiene que los periodistas salvadoreños deben seguir documentando lo que ocurre, en medio de una oleada de desinformación que se mezcla con el uso de la Inteligencia Artificial (IA). El desafío es no perder la profundidad ni el estilo propio. 

Reconoce que algunas tareas pueden hacerse con mayor facilidad con estas herramientas, pero advierte que hay una línea que no debe traspasarse y es que el periodista se convierta en un curador de información y deje de lado producir datos o narrativas originales.

“Me parece muy, muy deprimente la homogeneización del estilo, que se utilice como redactor o para hacer sus textos. Se está perdiendo como esa forma propia y diferenciadora de estilo. Es una herramienta que se puede usar, se debe usar, para cosas que antes soñábamos cómo transcribir entrevistas, por ejemplo”, concluyó.

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*Este reportaje ha sido producido en el marco de la beca de producción periodística La Sala: Mujeres en la Redacción, con el financiamiento de Vikes (Fundación Finlandesa para los Medios y el Desarrollo), una iniciativa que busca fortalecer el periodismo independiente, crítico y de investigación, así como promover la participación, el liderazgo y la proyección de las mujeres periodistas, mediante acciones de influencia e impacto que contribuyan a visibilizar y posicionar sus voces como referentes del periodismo, la investigación y la opinión pública.

Autor(a)

Periodista de investigación en la Revista Factum de El Salvador, ganadora del Premio Gabo en 2025. Se ha especializado en investigaciones relevantes sobre corrupción gubernamental y graves violaciones a derechos humanos. Profesora honorífica de la Universidad Miguel Hernández de Elche, España; beneficiaria del programa Espacio Seguro de Reporteros Sin Fronteras; y Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Centroamericana (UCA). Se ha formado continuamente en importantes escuelas de periodismo de Iberoamérica. / She is an investigative journalist at Revista Factum in El Salvador, and a 2025 Gabo Award winner. She specializes in significant investigations into government corruption and serious human rights violations. She is an honorary professor at Miguel Hernández University in Elche, Spain, and a beneficiary of Reporters Without Borders’ “Safe Space” program. She holds a degree in Social Communication from the Central American University (UCA) and has trained at leading journalism schools across Ibero-America.