‘Hay que aprovechar el talento joven que tenemos en Costa Rica’

El Arboretum Luis Jorge Poveda Álvarez, en la Península de Osa, es un sitio para soñar. He estado soñando dentro de este lugar desde mi niñez, y planeo seguir.

Tiene una gran cantidad de árboles de todos los tamaños y familias, plantas endémicas de la zona y con usos etnobotánicos. Y, como si fuera poco, tiene  gran cantidad de aves, que con suerte y buen oído se dejarán ver. 

El Arboretum no sólo es fauna y flora. Allí se funden tres pueblos que luchan por un sueño—un sueño que por mucho tiempo parecía ser lejano y sin propósito. Representa la unión entre comunidades que buscan la participación activa de sus pobladores en la conservación y el desarrollo sostenible de la zona. Es un museo: un Museo de Árboles vivos, con fines científicos y recreativos. Además, es una familia que ama reunirse para aprender cada día cosas nuevas y para conocer personas nuevas, pero sobre todo para agrandar a la familia. 

La idea de crear el Arboretum llegó a mi comunidad, Bahía Chal, en el 2012, gracias a Juan José Jiménez Espinoza, funcionario del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC). Él buscaba una comunidad interesada en apoyar la creación de un proyecto de tal magnitud, con el fin de que la misma eventualmente pudiera encargarse de la administración del mismo. La sorpresa más grande de Juan José fue que no sólo había una comunidad interesada sino tres, y que los más interesados eran niños y jóvenes. 

Vecinos de Bahía Chal, Alto San Juan y San Juan de Sierpe participan en la primera clase de una capacitación de seis meses para aprender cómo monitorear la flora y la fauna del Arboretum Luis Jorge Poveda Alvarez. Mayela López/El Colectivo 506

¿Por qué teníamos tanto interés? En mi caso, recuerdo que desde que ingresé a la escuela era muy normal recibir cada semana a funcionarios de Fundación Neotrópica, que llegaban a explicarnos sobre problemas ambientales y qué podíamos hacer para evitarlos. También nos hablaban sobre la biodiversidad y nuestra incidencia como niños en materia de ambiente. Para nosotros era muy común hablar de estos temas con nuestra profesora y organizar actividades ambientales escolares. Pienso que esto caló en mí como niña y me hizo interesarme tanto en el cuidado del medio ambiente. 

Mi primera participación en el Arboretum fue en el primer aniversario del proyecto. Yo estaba en sexto año de escuela y creamos junto con las otras escuelas de las comunidades una banda con instrumentos elaborados a partir de material reciclado. Éramos cerca de 15 niños tocando baldes de pintura sin ningún ritmo aparente, ¡pero con gran motivación! El calor del proyecto, las ganas de aprender y el apoyo de muchas personas en el camino, fueron razones para que una niña de 11 años se interesara en un proyecto que parecía un sueño lejano. 

Cuándo empecé en el proyecto creía que no era tan extraño que una niña tan pequeña se interesara en estos temas. Pero conforme fui creciendo, era muy normal escuchar la frase “Estás muy jóven. Aún no sabes nada. No deberías querer participar en algo como esto”. En algunos momentos llegué a pensar que era cierto; aún era una niña que jugaba con muñecas, ¡qué iba a saber yo de conservación! Poco a poco, y gracias a las personas que me alentaban a seguir, me di cuenta de que aunque era muy pequeña podía hacer algo, y que debía buscar la forma de demostrarle a los demás que el ser joven no limita mis capacidades. 

Hoy, con 19 años y gracias a todas las palabras de aliento, soy parte de la Junta Directiva y parte de los miembros fundadores de la Asociación Somos Arboretum, creada en el 2020 para apoyar al proyecto, y encargada de algunos de los grupos que conforman este proyecto. 

Jeaustin Durán, 19; Lilliam Nieto, 18; Erlin Chaves, 35, y María Cristina Jiménez, 51, (izq a der) son miembros de la asociación conformada por vecinos de las comunidades de Bahía Chal, Alto San Juan y San Juan de Sierpe. Mayela López/El Colectivo 506

Yo espero que el Arboretum crezca no sólo como proyecto sino como familia. Poder crear al fin un sitio donde las personas puedan relajarse y olvidar todos los problemas que deben afrontar en el día a día. Un lugar donde niños y jóvenes puedan venir a despejar la mente después de una semana llena de trabajos escolares. Un sitio donde los jóvenes puedan recurrir si necesitan realizar un trabajo de su colegio u universidad. Lo mejor del lugar es que puede compartir con su familia y decidir qué quiere hacer, sea una caminata por el sendero Camíbar para observar aves y plantas, o un recorrido por el sendero hacia la quebrada La Machaca, una opción para las personas más aventureras. Cualquier hora del día es ideal para visitar el Arboretum; cada minuto le puede sorprender, sólo debe estar atento a las señales que le brinda.  

Sueño con un Grupo de Niños Arboretum y la consolidación del Grupo de Monitoreo Biológico Arboretum, una iniciativa que une a vecinos para aprender sobre nuestras especies locales y ayudar a protegerlos. Pero, sobre todo, sueño con un lugar donde todos tengan la posibilidad de aprender e incrementar sus conocimientos—por ejemplo, mediante un Laboratorio de Investigación Botánica. 

Creo que en un mundo que avanza tan rápido, donde día a día la tecnología se adueña más de nuestras vidas, es necesaria la participación de niños y jóvenes en proyectos como estos—no sólo con el fin de que disminuyan sus actividades tecnológicas y se conecten con la naturaleza, sino también para que conozcan los problemas planetarios a los que nos enfrentamos debido a nuestro consumismo exagerado. Donde ellos puedan decidir si quieren ser parte del cambio, y cómo hacerlo. 

Ambos son importantes, y ninguno se debe priorizar más que otro. Con un adecuado proyecto, con adecuada capacitación, pero sobre todo con un grupo que tenga las ganas de hacerlo, se puede tener ambas cosas en una. 

Como seres humanos, aprendimos a luchar por lo que queremos y necesitamos, sin fijarnos en las consecuencias de nuestras acciones, porque creemos que es el camino más fácil.  Pero no pensamos en las repercusiones que tendrá ese camino. Claramente, si empezamos a preferir a las personas antes que el medio ambiente, sería un desastre total. Puesto que muchos estamos acostumbrados a consumir los recursos que según nosotros necesitamos, y esto afectará gravemente la forma de vida de las siguientes generaciones, dejándoles cada vez menos recursos para utilizar. 

Entonces, ¿qué podemos hacer? 

Debemos pensar en el bienestar colectivo, dejar de pensar de forma egoísta. Y debemos buscar la forma de ayudar a todos los seres vivos, incluyendo animales y plantas. 

Y hay que aprovechar el talento joven que tenemos en Costa Rica. No basta con solo decir, “Hay jóvenes que quieren participar”. Necesitamos que nos apoyen, que crean en nosotros y sobre todo que no limiten nuestra capacidad. 

A los y las jóvenes que lean estas palabras, yo sólo puedo decir que si les gusta algo, que participen. Que no se dejen vencer por las personas que dicen, “Eres muy joven” para algo. Siempre existirán personas que no creerán en nuestras capacidades como seres humanos, pero es nuestra decisión si les hacemos caso o les demostramos que sí podemos.

Aprenda más sobre el Arboretum Luis Jorge Poveda Álvarez aquí. Gracias a la extraordinaria Lilliam Nieto por esta columna, parte de nuestro espacio para Escritores Jóvenes, donde buscamos dar a conocer las perspectivas de niños, adolescentes y el adulto jóven sobre lo que está pasando en sus comunidades. ¿Usted es un/a escritor/a jóven o bien, educador o líder comunitario que le gustaría estar al tanto de los temas de interés para futuras ediciones? Por favor únase a nuestro grupo Educación 506 con un correo a Katherine, [email protected], o un mensaje WhatsApp, 8506-1506.

Lilliam Nieto Vega
Lilliam Nieto Vega es estudiante de la carrera de Enseñanza del Inglés en la Universidad Nacional de Costa Rica, cursó la secundaria en el Liceo Finca Alajuela. Apasionado por los voluntariados y servicios comunales, vive en Bahía Chal, Osa, Puntarenas. Ha participado en diferentes grupos juveniles comunales como el Proyecto ARBORETUM Luis Jorge Poveda Álvarez,  y en grupos juveniles comunitarios. / Lilliam Nieto Vega is studying to become an English Teacher at the National University of Costa Rica, she attended high school at the Finca Alajuela. Passionate about volunteering and community services, she lives in Bahía Chal, Osa, Puntarenas. She has participated in different community youth groups such as the Luis Jorge Poveda Álvarez ARBORETUM Project, and in community youth groups.