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miércoles, septiembre 22, 2021

‘Hasta soñaba con el reportaje’

El Colectivo 506
El equipo editorial de El Colectivo 506 trabajó en conjunto para publicar esta nota. The editorial staff of El Colectivo 506 worked together to publish this article.

Dos cosas nos unieron ese día: la lluvia que caía en los techos de todos, y el reto compartido de averiguar cómo hacen nuestras comunidades para prepararse para desastres y emergencias. Durante un fin de semana que vio a una Costa Rica llena de aguaceros e inundaciones, deslizamientos y refugios, los cinco periodistas que crearon nuestra edición de julio, “Tormentas maestras”, compararon experiencias mediante Zoom y WhatsApp. Estos miembros inaugurales de la RED 506—la comunidad creada por El Colectivo 506 para fomentar el periodismo de soluciones en Costa Rica—conversaron sobre los reportajes de soluciones que crearon este mes en comunidades rurales del país. 

Los comentarios fueron diversos, porque aunque la lluvia y el periodismo les unía, también hay mucho que los diferencia. Son hijas de ciudad e hijas del campo, madres y padres, un subdirector de un colegio, una administradora de negocios, comunicadores profesionales y no profesionales, personas con amplia experiencia y personas que se animaron con este proyecto a redactar su primera crónica. Se podría decir que todos son atrevidos, de una u otra forma, porque todos se animaron a aceptar el reto que les propusimos desde El Colectivo 506 en mayo de este año: salir a sus comunidades a hablar con alcaldes y voluntarios y vecinos, revisar reportes y datos regionales y nacionales, todo para entender cómo hace una comunidad para aprender de sus peores momentos, frente a terremotos y tormentas. 

Katherine Benavides, en Bijagua de Upala; Esteban Calderón, en Uvita de Puntarenas; Alfonso Gatgens, en Sarapiquí, Heredia; Karina Méndez, en Monteverde, Puntarenas; y Mayela López, quien reportó sobre las comunidades de Talamanca, Limón, compartieron sus aprendizajes como periodistas y vecinos.

 

El lujo de dedicarle tiempo

Mayela, una periodista cuya experiencia incluye agencias y periódicos nacionales, ambos con plazos cortos de trabajo y la necesidad de cubrir sucesos, resaltó lo que representa poder dedicar mucho tiempo a un reportaje.

“Es un periodismo que te permite dedicar más tiempo, y ver distintos ángulos, hablar con distintos actores”, indicó Mayela, quien enfocó su reportaje en la zona sureste del país. “Eso es valioso y te permite profundizar, sobre todo. Esa es la diferencia con lo que he hecho antes.”

“Les soy honesto: tenía un poco de miedo al principio porque yo nunca había escrito, nunca había hecho periodismo de soluciones”, dice Esteban. “Lo mío ha sido más audiovisual, entrevistas personales. Me gustan mucho los deportes y la política… Lo primero que aprendí es que no es fácil. No es cualquiera que pueda sentarse a escribir un artículo”. 

Pero para Esteban, al igual que sus compañeros, sus conexiones en la zona fueron de mucha ayuda. Este educador, entrenador de fútbol, y tres veces presidente de la asociación de desarrollo de su localidad, tenía una red de contactos muy completa que le permitió fácilmente acceder a información sobre la respuesta a inundaciones en la zona del enfoque de su artículo.

Lo mismo le ocurrió a Katherine, ex-comunicadora de la Municipalidad de Upala, a Karina, que ha trabajado de manera extensa con los líderes del Distrito de Monte Verde, y a Alfonso, que es parte de Noticias Sarapiquí y por tanto tiene contacto constante con voceros de la región. Los tres pusieron en acción sus redes y contactos. Sin embargo, su enfoque en las soluciones generadas por las comunidades, en vez de los problemas en sí, les trajo nuevos aprendizajes. 

“El periodismo de soluciones me gusta porque no es decir, ¿porque tantas casas se destruyeron por Nate? Eso no es lo importante. Lo importante es cómo la comunidad ha trabajado después de eso para salir adelante”, dice Karina. “No es por qué pasó, sino qué se hizo a raíz de eso para tener una mejora continua para la comunidad. Eso me parece que es lo que más me gustó, y uno aprende que a pesar de ser una comunidad pequeña, cuando uno sale a otros lugares se llena de orgullo al decir, ‘Vengo de aquí, y aquí se hizo de esa forma… Siempre he estado muy orgullosa de decir que soy de Monteverde, pero cuando uno hace ese tipo de trabajo [de periodismo] se llena aún más”.

 

Los retos: síntesis y perseverancia

Cada uno de los cinco periodistas resalta la dificultad del periodismo de soluciones. Cada uno dice lo mismo: no es un trabajo para cualquier persona.

“Pasé muy estresada, le soy honesta”, nos cuenta Katherine. “Hasta soñaba con el reportaje, porque yo decía yo quiero que quede bien… me gusta tener todo bajo control”.

La síntesis de grandes cantidades de información fue uno de los elementos más complejos de manejar según mencionaron los participantes. Estos reportajes buscan documentar el impacto de una solución no desde una sola perspectiva, sino desde varias—en este caso, desde líderes nacionales y municipales, hasta voluntarios comunales—por lo tanto, es necesario llevar a cabo diversas entrevistas. Y ninguna es corta, ya que hay que lograr que las fuentes brinden datos que respalden sus aseveraciones, y hablen no solo sobre los logros sino también sobre las limitaciones de las acciones tomadas.

Entonces, cada periodista se enfrentó a miles de palabras y horas de audio. 

“Ver todo ese material, y uno dice, ¿Ahora qué hago?”, nos contó Mayela con una sonrisa.

“Lo más difícil para mí fue empezar a sintetizar las ideas”, dice Esteban. “¿Cómo hago para empezar? Varias veces lo intenté y me dije, así no. Voy de nuevo. Esa parte de ordenar las ideas y decir, por aquí es donde voy a arrancar, fue lo que más me costó”.

En El Colectivo 506 queremos resaltar que lograron lo cometido mientras sorteában el tiempo con  sus otros trabajos y responsabilidades. “Escribía en las noches después de llegar del trabajo y atender a Lucía”, dice Katherine, hablando de su bebé. 

Para Karina, otro reto fue aprender a formular sus preguntas de tal forma que la gente tenía que ir más allá de la queja, y explorar qué se había hecho o qué se podría hacer para mejorar la situación.

“La gente a veces tiende a ser un poco negativa. Lo primero que te cuentan es lo feo. En el caso de Nate lo primero que te cuenta es, ‘Ay pobrecita la familia tal’”, recuerda. “Hay como que indagar más… para que salga a flote lo bueno. ¿Qué se está haciendo ahora para solucionar? Creo que ese fue el reto, cambiar el chip, porque uno tiene una perspectiva de noticia un poco distinta. Nunca había hecho periodismo de soluciones, entonces hay que formular la pregunta con más astucia para tener las respuestas que se necesita”. 

Por otro lado, Alfonso expresó frustración porque su trabajo no llegará a más personas.

“Lo que sí me he dado cuenta es cómo cuesta que la gente lea”, dice. “La gente hoy en día quiere las cosas en bandeja de plata, entonces prefieren ver un video a leer un artículo de 1500 palabras”.

 

Las lluvias siguen

Y mientras entablábamos todas estas conversaciones, no podíamos dejar de señalar que el tema reportado, lejos de ser un recuerdo distante, estaba ocurriendo en ese preciso instante.

“Ha sido una larga noche en Upala”, dice Katherine el sábado 24 de julio. “Ya se inundaron algunas casas, pero no tanto como Guatuso, hay imágenes de Guatuso fuertísimas. Yo diría que como [Huracán] Otto, más o menos”.

Explicó que el sensor de alerta temprana que fue el protagonista de su reportaje funcionó bien durante estas lluvias, aunque se detectó un defecto: cuando se va la señal de telecomunicaciones, no se puede monitorear en forma remota. 

“No genera rangos, ni metros, ni nada. Entonces lo que están haciendo es que hay una persona allí midiendo en el puente, en el sensor”, indica. 

Para la población de esta comunidad, que vivió una inesperada emergencia nunca antes vivida con el huracán Otto, las lluvias intensas despiertan temores. 

“La gente de Upala no durmió nada de nada”, agrega. “He escuchado en Upala centro de personas que viven muy cerca del río que cada vez que hay lluvia, entran en pánico, porque ellos sí reciben el agua así: ‘PUM’”, nos cuenta Katherine haciendo un gesto de golpe violento. 

Durante esa conversación, Alfonso estaba inmerso en una nueva emergencia en Sarapiquí, con operaciones de rescate activas. A la hora de redactar esta columna, estamos trabajando con él para ver cómo incorporamos los detalles de esta nueva crisis al reportaje escrito por Alfonso para esta edición, que saldrá este viernes.

Con estos nuevos retos tan presentes, los periodistas participantes indican que sienten aún más ganas de seguir produciendo periodismo que deja algo útil a las comunidades.

“Buscar soluciones a una problemática X que las personas nos cuenten qué soluciones han encontrado… nos permite dar herramientas a otras personas que les puedan ayudar para resolver un problema que estén enfrentando en sus comunidades”, dice Mayela. “Eso es lo que más me gusta de esta clase de periodismo. Siento que estamos ayudando a la gente, además. No es solo decir, ‘está pasando tal problema’ y dejarlo hasta allí”.

Para Katherine, fue enriquecedor ver cómo hasta su esposo, quien trabaja en la Municipalidad, aprendió cosas nuevas de su trabajo. 

“Él trabaja en la Muni y me dijo, ‘Yo no sabía eso del sensor’”, cuenta. “Qué chiva que este periodismo le permite a uno aprender muchísimo y además ayudar a la gente”.

“La experiencia fue enriquecedora porque a pesar de ser de la zona y saber mucho de lo que pasó con la Tormenta Nate, le pone a uno a indagar más y aprender más sobre la comunidad donde vivimos”, nos cuenta Karina. 

Dice Karina que lo que aprendió realizando este reportaje, no va a dejarlo en el olvido.

“Ese cambio de chip, de cambiar la perspectiva y preguntar con astucia para tener las preguntas más indicadas, es lo que aprendí. Sinceramente creo que voy a seguirlo aplicando porque para mí es sumamente enriquecedor”, dice. “¿Por qué no seguirlo aplicando?”

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