Gabriel García Márquez lo expresó así: “Aunque se sufre como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”.

Una, dos, tres, cuatro oleadas de una pandemia mundial. Muerte y dolor. Una crisis económica. Política electoral desagradable. Cubrir las complicaciones de la cruel realidad puede dejar su huella. Pero a veces el trabajo más duro abre paso alos momentos que restauran nuestra fe. 

Se cerró una puerta: Dos mujeres dijeron que cuando denunciaron acoso sexual en la Universidad de Costa Rica, fueron expulsadas de su programa de posdoctorado. Tocaron puerta tras puerta. 

Andrea abrió la suya. 

Le aguardaban interminables fajos de papeles y horas de investigación. Seis meses de trabajo y seis notas de periodismo a profundidad. Sudor y lágrimas, críticas y retrocesos. Duda y ruido.

Al final, se abrieron más puertas. Puertas de regreso a la universidad, que revirtió su decisión y readmitió a una de las estudiantes. 

¿Vida de un perro? Quizás. ¿Esos momentos de avance? No tienen precio. En momentos como ese, cuando no se trata del nombre de autor sino del impacto, Andrea dice que es simple: una se da cuenta de que elegió bien su profesión. 

Texto de Katherine Stanley Obando, inspirado en la historia de Andrea Mora de Delfino.cr sobre su investigación de un caso de acoso sexual en la Universidad de Costa Rica (lea más aquí). Nuestra columna semanal Media Naranja cuenta breves historias de amor con un toque costarricense. Durante nuestra edición de septiembre, “Infodemia”, se centran en el amor de los periodistas por su oficio.

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