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miércoles, septiembre 22, 2021

La tormenta perfecta de la desinformación

Gustavo Arias
Gustavo es periodista, estratega digital y consultor en temas de lucha contra la desinformación. En el 2017, fundó la iniciativa #NoComaCuento en el diario La Nación. Gustavo is a journalist, digital strategist and consultant on issues related to the fight against misinformation. In 2017, he founded the #NoComaCuento initiative at the daily La Nación.

Costa Rica comparte su fecha de independencia y Bicentenario con los demás países de Centroamérica—pero estos vecinos tienen en común, además, el hecho de que todos enfrentan olas de noticias falsas y desinformación. Para iniciar la sección de Voces en nuestra edición de setiembre, “Infodemia”, el periodista Gustavo Arias Retana, quien fundó el esfuerzo de verificación #NoComaCuento cuando laboraba en el diario La Nación, nos describe el contexto centroamericano de este tema.

Hay que ser directo: el panorama de la lucha contra la desinformación en Centroamérica es desalentador y Costa Rica no escapa de esa realidad. Una serie de factores convierten a las sociedades del istmo en escenarios perfectos para que la desinformación sistemática pulule.

El factor transversal más importante son los sistemas educativos, que, con algunas excepciones puntuales, son deficientes en cobertura y calidad. Hablar en Centroamérica del desarrollo de pensamiento crítico es una extrañeza. Todavía más raro es detectar procesos de alfabetización y educación cívica acordes a la realidad digital en que nos desenvolvemos.

La desinformación es un fenómeno complejo, que no se va a solucionar con recomendaciones del tipo: revise la información en varias fuentes, haga una búsqueda inversa de imágenes y desconfíe de páginas que se vean sospechosas. Para luchar contra este fenómeno se necesitan procesos de alfabetización digital, para todas las edades, que les permitan a las personas reconocer el efecto que tiene la desinformación sobre sus vidas y gracias a ese conocimiento puedan detener la amplificación de los contenidos falsos. 

Esa ausencia de procesos de alfabetización tiene lugar, además, en países en que la polarización es muy alta, principalmente en épocas electorales. La polarización no es mala por naturaleza en una sociedad, pero algo que repiten todos los estudios sobre desinformación es que quienes están más en los extremos de las discusiones tienen más posibilidades de creer y compartir información falsa, es decir en sociedades polarizadas vamos a tener más desinformación. 

En Centroamérica la polarización es una de las estrategias políticas por excelencia y se apoya, cada vez más, en la desinformación para conseguir sus objetivos. Figuras como Nayib Bukele en El Salvador se han encargado de construir su plataforma política con base en la división, una división que no deja espacios para los grises: o se apoya por completo las posiciones del mandatario o se está completamente en contra. 

Esa polarización también está pensada para que impacte en las redes sociales, donde varios mandatarios como Juan Orlando Hernández, en Honduras, y Daniel Ortega, en Nicaragua, cuentan con ejércitos de troles dedicados a desinformar, crear pantallas de humo, atacar opositores y construir narrativas antidemocráticas. 

Dichas estrategias están desarrolladas, en su mayoría, por estrategas digitales que saltan de un país a otro de la región creando planes de mercadeo que emplean la desinformación como herramienta política. Algunos de estos estrategas, como en el caso de Honduras, hasta se jactan en conferencias hablando de cómo la desinformación se volvió uno de los pilares de las campañas electorales que dirigen.

Otro elemento que favorece a la desinformación sistemática en Centroamérica es que somos países con problemas graves de acceso a información pública de calidad. Por ejemplo, y sin querer compararlo con lo que se vive en regímenes antidemocráticos como el de Nicaragua, durante los últimos años varios periodistas han denunciado una estrategia de entorpecimiento en el acceso a la información desarrollada por el gobierno de Carlos Alvarado. Si para un periodista se vuelve complejo el acceso a información pública, para cualquier otro ciudadano esos problemas se multiplican.

Estos problemas en la calidad y el acceso de la información pública terminan también golpeando a un ecosistema mediático en crisis, en que los medios que realizan un trabajo apegado a la praxis y a la ética tienen problemas para sobrevivir a diario.

La antorcha de la independencia en su camino por Costa Rica. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506

Las iniciativas de chequeo de información no son ajenas a esa crisis. Por ejemplo, en Costa Rica proyectos como Doble Check de la UCR o #NoComaCuento de La Nación trabajan con el mínimo de personal y sobreviven, principalmente, por la mística de quienes los coordinan. Esas limitantes impiden que tengan un alcance mayor y en general que puedan desarrollar a cabalidad una estrategia digital acorde al fenómeno que enfrentan.

Finalmente, pero no de menor importancia, Centroamérica comparte una erosión dramática de la confianza en las instituciones democráticas. El último Informe Estado de la Región lo resume en pocas palabras: los países de la región han vivido procesos de democratización que no han significado más demócratas en Centroamérica.

Esa situación abre la puerta para el fortalecimiento de narrativas comunes en la desinformación como el ataque a la democracia. En Costa Rica, por ejemplo, se han gestado diversas campañas durante los últimos cuatro años de cuestionamientos falsos contra el Tribunal Supremo de Elecciones.

Además, son pocos los políticos a los que parece importarles el flagelo de este fenómeno. Más bien son muchos los que realizan cantos de sirena que buscan vía legislación, como en Nicaragua, disfrazar ataques a la prensa crítica como lucha contra la desinformación.

En ese contexto, Costa Rica se prepara para un proceso electoral que no será fácil en términos de desinformación. En los últimos cuatro años la polarización se incrementó, contamos con procesos de alfabetización mínimos, los dos proyectos más importantes de chequeo del país trabajan con el mínimo de manos, hay nuevos actores dedicados a la desinformación sistemática en redes sociales y posiblemente para la campaña importemos algunos estrategas latinoamericanos que han implementado campañas de desinformación en otros países.

Incluso, contamos con candidatos a la presidencia, como Rolando Araya, que han distribuido desinformación sobre la pandemia de COVID-19, poniendo en riesgo la salud de los costarricenses. Así como varias candidaturas de corte populista que nadie duda que emplearán la desinformación como herramienta para atacar a diversos grupos, como los migrantes nicaragüenses.

Se vienen meses complicados en que todo indica que nos enfrentaremos a la tormenta perfecta en términos de desinformación. Tenemos que prepararnos para empezar a reconocer nuestros sesgos, para bajarle algunos niveles a la efervescencia y en general para exigir una discusión política de una altura mayor a la que estamos acostumbrados. No será fácil y estar positivo es complejo, pero la lucha contra la desinformación siempre es contracorriente.

La novena edición de El Colectivo 506, “Infodemia”, explorará durante el mes de setiembre 2021 la lucha contra la desinformación en Costa Rica. Conozca la edición aquí.

La lucha de Costa Rica contra las noticias falsas

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