The Palo Verde National Park also protects cavern-like rock formations. // Looking towards the Tempisque river. Monica Quesada Cordero / El Colectivo 506

Son las cinco de la tarde de un día caluroso de abril en el bosque tropical seco. Es el final de la temporada seca y por eso el agua escasea más que nunca. Los árboles aún no han regenerado las hojas que perdieron al principio del verano. Los ríos se han contraído. Los riachuelos han desaparecido.

Imitando al sediento y cafezusco bosque nos sentamos en silencio a pocos metros de la única fuente de agua. Sabemos que muy cerca de ahí debe haber animales que tiene sed y por ello lentamente se acercarán a la naciente, aunque les llegue nuestro olor a repelente de mosquitos y bloqueador solar.

Los primeros visitantes son las tímidas guatusas o agoutis centroamericanos. Lentamente se acercan a la naciente, pendiente de otros animales y desapercibidos de nuestra presencia. Un grupo de venados cola blanca de diferentes tamaños llega luego a la naciente. El venado más pequeño de todos no pudo con su curiosidad, y se nos acercó lo más que pudo, tal vez para ver si jugábamos con él.

La visita más impresionante no fue las dos tropas de monos cara blanca, o las tropas de pizotes o el solitario mono araña, sino tres tolomucos (o tayra). Tanta gente que quiere ver un tolomuco, y nosotros pudimos ver tres, no sólo tomando agua, sino también jugando entre ellos y jugando a examinarnos mientras nos rodeaban para llegar a la naciente.

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de visitar el Parque Nacional Palo Verde al inicio de la temporada seca hablará de abundancia de pájaros, ya que miles de individuos de aves acuáticas se hospedan en los humedales del parque, incluidas especies en vías de extinción como el Galán sin Ventura o Jabirú, el ave acuática más grande del continente.

Sin embargo, olvidamos que este parque nacional está en el corazón del bosque tropical seco del Pacífico Norte de Costa Rica y esos humedales cada temporada seca se rinden ante el potente sol que evapora todo su contenido.

Por lo tanto, al pensar en Palo Verde inevitablemente tenemos que pensar en agua. Y es justamente este juego entre la abundancia y la ausencia de agua el que hace de Palo Verde una de las zonas con mayor diversidad ecológica del país.

El bosque tropical seco alberga gran cantidad de murciélagos, que son el 50% de los mamíferos de Costa Rica. Monica Quesada Cordero / El colectivo 506

El parque nacional está ubicado entre los ríos Bebedero y Tempisque en el cantón de Bagaces, Guanacaste. Según el Sistema Nacional de Área de Conservación de Costa Rica, Palo Verde es uno de los últimos tres remanentes de bosque tropical seco que hay en Mesoamérica. Las más de 19,000 hectáreas que le conforman encierran más de 13 hábitats diferentes, incluyendo manglares, bosque perennifolio y caducifolio, pastizales y pantanos de agua dulce y salada, bosque de roca caliza y bosque secundario.

Sus senderos le permiten al visitante explorar y ascender formaciones calizas que alguna vez estuvieron en el fondo del mar y hoy albergan decenas de especies de murciélagos, mamíferos como los chanchos de monte y árboles típicos del bosque tropical seco que han logrado crecer y sobrevivir entre las grietas de las rocas.

Para cualquier amante de las aves, Palo Verde es una parada obligatoria, no sólo para ver grandes cantidades de aves acuáticas, sino coloridas especies como el momoto de ceja turquesa o el trogón elegante. Pero hemos descubierto que para los amantes de los mamíferos también es un tesoro lleno de sorpresas por revelar.


Una versión anterior de este artículo se publicó en Nature Landings, la revista a bordo de Nature Air.

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