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miércoles, septiembre 22, 2021

Soy la administradora del Parque Nacional Corcovado, y amo mi trabajo

Stephanie Mory
Stephanie Mory Villaseñor cursó estudios de bachiller en Turismo Ecológico en la Universidad de Costa Rica. Se graduó como licenciada en Gestión y Gerencia de Turismo Sostenible de a Universidad Estatal a Distancia y cuenta con un Máster en Espacios Naturales Protegidos, de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha laborado por 12 años en el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), específicamente el Área de conservación Osa (ACOSA) donde ha realizado labores de turismo, monitoreo, gestión comunitaria, educación ambiental y administración de áreas silvestres protegidas. Fue participante de la delegación costarricense que asistió a la Conferencia de las partes del Convención de la diversidad biológica (COP), celebradas en Cancún, México y Egipto, en 2016 y 2018, respectivamente.

Fotografía de un puma en el sendero San Pedrillo de el Parque Nacional Corcovado. Cortesía Stephanie Mory / El Colectivo 506

Una mañana del 2012 me encontraba con un compañero en una revisión de los senderos de San Pedrillo, uno de los sectores del Parque Nacional Corcovado, cuando nos topamos con un puma echado en el sendero. Llegamos a una distancia de dos metros, cuando el felino nos identificó se levantó, rugió, hizo el gesto de arañar y se quedó inmóvil observándonos. En ese momento tuve muchas emociones, principalmente miedo, pero después de que nos alejamos un poco, me sentí más feliz que con miedo. Saqué la cámara y empecé a tomarle fotos.

Durante 12 años de trabajo en el Área de Conservación Osa (ACOSA), han sido innumerables las ocasiones, como esta, en que me he sentido sumamente agradecida por las labores que realizo, momentos en los que me he dicho a mí misma: “Esto es lo mío”. Pero la satisfacción también ha estado acompañada de retos.

El Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), al ser una institución altamente masculinizada, representa un escenario laboral de muchos retos para las mujeres, desde los tiempos de su creación. En la historia del SINAC, son muy pocas las mujeres que han asumido puestos de jerarquía. Quienes lo hemos hecho, no solo debemos hacer frente a los retos institucionales como los recortes al presupuesto, la carencia de infraestructura o el mal estado de esta, el manejo de personal y la gestión comunitaria, sino, además, a las mujeres nos ha correspondido lidiar con una cultura machista que se manifiesta de múltiples formas. Por ejemplo, hay personal masculino que se rehúsa a acatar indicaciones y muestra falta de credibilidad en las capacidades, criterio técnico y toma de decisiones del liderazgo de las mujeres. Cuando esto ocurre, y lo logro identificarlo como un comportamiento machista, inevitablemente me desanimo. Sin embargo, soy consciente de la importancia de continuar demostrando que las mujeres somos capaces de asumir de forma responsable y eficiente puestos de poder.

En mi infancia—en Moravia, San José—fui una niña muy activa. Dedicaba mi tiempo libre a los juegos en la calle, y me encantaba ir a jugar al río, conocido en el barrio como La Sequía: subirme a los árboles, coleccionar arañas y descubrir nuevos y diversos insectos. Para esta época, mi padre, Gerald Mory, solía enseñarme a proteger el ambiente, rescatando animales como una tortuga y un pichón Sinsonte, además, sembrando árboles y recogiendo basura cada vez que íbamos a la playa.

Equipo de monitoreo camina por los senderos del Parque Nacional Corcovado. Cortesía Stephanie Mory / El Colectivo 506

Sin duda, estas experiencias de vida me influenciaron enormemente para elegir estudiar turismo ecológico en la Universidad de Costa Rica. Una vez concluida esta fase, ingresé a la Universidad Estatal a Distancia, para cursar la licenciatura en Gestión y Gerencia de Turismo Sostenible. Posteriormente, tuve la oportunidad de realizar una pasantía en Estados Unidos, donde llevé varios cursos y a la vez trabajaba en Disney. Para mi regreso a Costa Rica, inicié con mi trabajo como funcionaria en el Área de Conservación Osa (ACOSA), donde he trabajado por 12 años consecutivos. Empecé en la oficina de reservaciones del Parque Nacional Corcovado (PNC). Después de experiencias que incluyeron un curso en Japón sobre monitoreo participativo con cámaras trampa, y una maestría en España en Espacios Naturales Protegidos, se me asignó el cargo de administradora del PNC, puesto que asumo hasta la actualidad.

Ser administradora de un Área Silvestre Protegida (ASP) en Costa Rica representa un reto cotidiano, principalmente por las limitaciones presupuestarias y de recurso humano que enfrenta el SINAC. Si bien las ASP cuentan con Planes Generales de Manejo y con planes específicos, de control y protección, de turismo, educación ambiental, entre otros, las posibilidades de implementarlos de manera efectiva y eficiente son pocas, esto principalmente por los recortes presupuestarios que ha sufrido la institución en los últimos años, además de la falta de personal.

El amanecer sobre la estación Sirena en el Parque Nacional Corcovado. Cortesía Stephanie Mory / El Colectivo 506

Para poner un ejemplo de varios, para el segundo semestre del año en curso, no hay viáticos para la gestión administrativa del PNC.

Los recortes de presupuesto y la falta de personal tienen importantes consecuencias, como la sobrecarga de funciones, la desatención de ilícitos ambientales, en ocasiones la imposibilidad de realizar trabajo de campo y dar mantenimiento a la infraestructura, e inclusive, hay personal que se siente desmotivado al considerar que parte de sus derechos laborales no se cumplen.

Sin embargo, mi trabajo también está lleno de satisfacciones.

Ser parte del equipo de trabajo del lugar más intenso biológicamente hablando. Por ejemplo, Corcovado ha registrado 14 individuos de jaguar en los últimos 12 años, gracias al Programa de Monitoreo Biológico.

Ser testigo de cómo familias aledañas a las ASP encuentran opciones laborales sostenibles vinculadas con los servicios ecosistémicos, y cómo contribuimos para que sea posible.

Saber que el trabajo que realizo desde hace 12 años contribuye con la protección de la biodiversidad de mi país.

¿Qué me gustaría que se logre a futuro? Que haya mayor coherencia entre la imagen verde que se proyecta de Costa Rica a lo interno y externo del país con la importancia que el Estado y los gobiernos de turno le adjudican al SINAC, como institución encargada de velar por la conservación y uso sostenible de los recursos naturales del país. Es decir, urge mayor presupuesto y habilitación de nuevas plazas.

Una Danta (Tapirus bairdii) en el Parque Nacional Corcovado. Cortesía Stephanie Mory / El Colectivo 506

Además, es importante que se brinden opciones laborales innovadoras y mejores condiciones de vida para las comunidades que viven dentro o en las zonas aledañas a las ASP, para limitar el uso desmedido de los recursos naturales como medio de vida.

Por último, es importante que la responsabilidad de la conservación y uso sostenible de los recursos naturales se asuma como una responsabilidad de todas y todos los actores sociales. Para ello, las labores de educación ambiental, en diferentes niveles comunitario e institucional son fundamentales.

¿Por qué dedicar la vida a ser guardaparque? Porque el espíritu de las personas guardaparques es proteger los recursos naturales de los cuales depende la vida humana y de todos los seres vivos. Sin personas guardaparques la pérdida de la biodiversidad y el deterioro de los recursos naturales sería aún más acelerada.

Un grupo de guarda parques, los “compas” de Stephanie Mory, descansan a la orilla de un río en el Parque Nacional Corcovado. Cortesía Stephanie Mory / El Colectivo 506

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