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domingo, noviembre 27, 2022
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Una crisis donde causa y solución tienen la misma raíz: el cuido en Costa Rica

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Lo sabemos todos: sin personas que realicen las labores de cuido en un país, nada más funciona. Nuestras sociedades no mejoran, sus economías no prosperan, y las desigualdades e injusticias empeoran. Sin embargo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indicó en su informe de noviembre del 2021 titulado “Hacia la construcción de sistemas Integrales de cuidados en América Latina y el Caribe, Elementos para su implementación”, que no sólo Costa Rica sino la región está a las puertas de una crisis de los cuidados.

“La esperanza de vida se alarga y cada vez hay más personas que necesitan del cuido”, dice el informe. “Cada vez hay más personas que necesitan de cuidado y menos personas ‘disponibles’ para hacerlo”.

Pero ¿qué es el cuido, exactamente? ¿Está Costa Rica realmente a las puertas de una crisis de cuido? ¿Qué retos éticos y económicos podría traer esa crisis? Y en la actualidad ¿quién se encarga del cuido en Costa Rica?

Beatriz Lizano Alvarado de 65 años y residente de Las Quebradas, Rincón de Zaragoza, Palmares, cuida de su mamá Bellanira que tiene alzheimer. También cuida de sus dos nietas de dos y seis años. Para Beatriz el cuido es como ella devuelve lo que le dieron. Es también una forma de tratar de corregir dolores del pasado. Priscilla Mora Flores / El Colectivo 506

¿Quién cuida en Latinoamérica—y en Costa Rica?

Antes del COVID, y según datos del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de la CEPAL, “en la región las mujeres dedicaban más del triple de tiempo al trabajo no remunerado que los varones”. Además, “alrededor de un 60% de las mujeres en hogares con presencia de niños y niñas menores de 15 años declara no participar en el mercado laboral por atender responsabilidades familiares, mientras que, en hogares sin presencia de niños y niñas del mismo tramo de edad, esta cifra se acerca a un 18%”.

Y cuando las familias pueden contratar las labores de cuido, la CEPAL indica que “en América Latina y el Caribe, a 2019, alrededor de 13 millones de personas se dedicaban al trabajo doméstico remunerado, siendo el 91,5% mujeres, muchas de ellas afrodescendientes, indígenas y/o migrantes”.

“En particular, la pandemia evidenció la centralidad que los cuidados tienen en el funcionamiento de nuestras economías y nuestras sociedades, lo que a la vez también hizo evidente lo insostenible e injusto de su actual organización”, lee el informe de la CEPAL.

La realidad en Costa Rica no es muy diferente a la del resto de la región.

La Cuenta Satélite Trabajo Doméstico No Remunerado en Costa Rica 2017, del Banco Central de Costa Rica, establece que semanalmente las personas mayores de 15 años dedican el 15,9% de su tiempo a los trabajos domésticos no remunerados.

Rocío Monge tiene 63 años y es vecina de Tibás, San José. Ella y su esposo Enrique cuidan de sus nietos en su casa tres tardes a la semana y va a la casa de su hijo a cuidar a su nieta un día a la semana. Mónica Quesada Cordero / El Colectivo 506

Al segregar ese porcentaje, las mujeres en zonas urbanas dedican 36,8 horas a la semana a las labores domésticas no remuneradas, y los hombres en zonas urbanas dedican 15,3 horas. En zonas rurales, las mujeres dedican 42,8 horas a la semana, y los hombres 14,9 horas.

Estos trabajos domésticos no remunerados corresponde a la preparación de alimentos; limpieza y mantenimiento de bienes; cuidado, formación e instrucción de la niñez; limpieza y mantenimiento del vestido; compras, pagos o trámites del hogar; servicios a la comunidad y a otros hogares; cuidado de personas no dependientes; organización de tareas domésticas; y cuidado de personas dependientes.

Este análisis del BCCR también determina el valor que tienen estos trabajos para la economía nacional. Si tuviera que traducirse en cuánto representan dentro del producto interno bruto (PIB) y según los salarios establecidos para estas labores, las horas invertidas corresponden a ₡8,3 billones, o el 25,3% del PIB. Entonces, si las mujeres en zonas urbanas recibieran un salario por este trabajo ganarían ₡2,9 millones de colones al año—es decir, un salario mensual de poco más de ₡240.000 al mes.

La cuenta satélite también muestra que las personas entre 36 a 54 años son las que más tiempo invierten en estas labores, seguidas por las personas de 55 y más años.

Lo que no nos muestra esta información estadística del BCCR es cuánto de este trabajo ya lo realizan las personas adultas mayores, es decir, personas mayores de 65 años, en especial en labores de cuido para la niñez y para otras personas mayores dependientes, y cuánto aumentará a medida que nuestra sociedad envejece.

Las personas adultas mayores y las labores de cuido en Costa Rica

Según estadísticas del Instituto de Estadística y Censo (INEC) la población adulta mayor de nuestro país se ha duplicado en los últimos 20 años, alcanzando el 9,6%. Para el año 2035 ese número se duplicará una vez más.

La Política Nacional de Cuido 2021-2031 dedica casi la totalidad de su justificación a presentar este hecho y cómo este cambio en nuestra población aumentará la necesidad de más personas realizando labores de cuidado de la población envejecida. La política aclara que la presión que el envejecimiento genera sobre el cuido no se debe al hecho de la esperanza de vida promedio del costarricense ha alcanzado los 80,4 años, sino a que “los años de vida libres de enfermedades y discapacidades sobrevenidas, están en los 71,2”. Esto quiere decir que estadísticamente los últimos 10 años de vida de las personas adultas mayores verán “la aparición de mayor prevalencia de enfermedades crónicas y pérdida de funcionalidad”.

María Isabel Antillón (centro), de 85 años, está bajo el cuido de su hijo Gustavo Rojas Antillón de 65 años. Ella empezó fue diagnosticada con Alzheimer hace cuatro años, siguiendo los pasos de su mamá, que murió a los 99 años y su esposo Edgar, que también murió con demencia senil. Gloria Calderón Bejarano / El Colectivo 506

De igual forma, la Política Nacional de Cuido dice que “una gran cantidad de personas recibe cuidados no formales en el hogar, facilitados especialmente por mujeres y ante los cambios demográficos que presenta el país, los recursos familiares para atender la dependencia están sobre exigidos y serán insuficientes. Como sociedad es ética y económicamente imposible continuar subsumiendo el trabajo de cuidados y apoyos mayoritariamente en el entorno familiar”.

La Jefe de Gestión Social del Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (CONAPAM), Alexandra Villalobos señala que el papel que juegan las personas adultas mayores es mucho más que demandar cuidados, las personas adultas mayores también aportan a las labores de cuido.

“Nosotros conocemos esa realidad, que hay personas adultas mayores que son cuidadores, de sus propios padres, del esposo o a veces hasta de hermanos, y también de sus nietos y nietas”, dice Alexandra. “Es una realidad en el país, desde hace mucho tiempo. Y en lo que tiene que ver con el cuidado de otras personas adultas mayores, en los últimos años ha venido en crecimiento. La disminución de la población jóven, hace también que el cuido recaiga en la población adulta mayor”.

El Estudio Base para la Caracterización de la Dependencia y el Cuidado en Costa Rica del 2018, citado por la Política Nacional de Cuido, señala que “las personas cuidadoras no son mucho más jóvenes que las personas dependientes. En promedio tienen unos 48 años, pero con una mediana de 51 años y una moda de 64 años”. Es decir, la edad que más presentan las personas cuidadoras es 64 años.

Entonces, en un país cuya población de adultos mayores se duplica cada 20 años, parece que estamos dependiendo de ellos mismos—o personas que están acercándose a ser mayores de edad—para resolvernos el problema de cuido.

¿Es eso un problema en sí mismo?

El problema, tal vez, es que no sabemos. Hay muy pocos datos e información sobre cómo están estas personas cuidadoras, invisibilizadas en los datos y tomadas por sentado en muchas comunidades. Sin embargo, como lo dice Alexandra del CONAPAM, y lo demuestra los reportajes visuales de esta edición en El Colectivo 506, son muchas las personas adultas mayores que están realizando esta labor.

Ahora bien, ¿qué significa realizar labores de cuido? ¿Cuál es la responsabilidad que asumen estas personas adultas mayores?

Tamara Osnovikova tiene 82 años y es bisabuela de gemelos, Michael y Michelle, que viven con sus padres en Tamarindo, Guanacaste. Tamara es de origen Ruso pero vive en Canadá, aunque le gusta viajar por el mundo, y cuando visita Costa Rica cuida de sus bisnietos para que sus padres puedan trabajar, hacer mandados y pasar tiempo en pareja. Andrea del Mar / El Colectivo 506

¿A qué se refiere realizar labores de cuido?

El cuidado es considerado como “un trabajo necesario para la reproducción de la vida, sin el cual es imposible el funcionamiento de la sociedad y de la economía”, lee el informe “Los cuidados en Latinoamérica y El Caribe. Entre las crisis y las redes comunitarias”, publicado en abril del 2022 por Oxfam Internacional.

La CEPAL dice en su informe que “los cuidados son actividades que regeneran diaria y generacionalmente el bienestar físico y emocional de las personas”.

Entonces, el cuido garantiza el desarrollo adecuado de la niñez y la vida digna de las personas adultas mayores y de las personas que por una discapacidad son dependientes—pero también el bienestar de las personas que trabajan en entornos productivos tradicionales, quienes de una u otra forma también necesitan, al menos, del autocuidado. Es por ello que las labores de cuido son las que garantizan la continuidad de la vida.

Pero ¿cuidar se trata sólo de solventar las necesidades físicas?

Eugenia Juan Santiago, reside en Sixaola, Limón. Es la matriarca de un hogar con 10 hijos, 42 nietos y 7 bisnietos. Cada día cuida de 27 de sus 42 nietos, por lo que es una parte fundamental de la economía familiar. Gloriana Ximendax / El Colectivo 506

Según el informe de la CEPAL del 2021, los cuidados implican las actividades que permitan la sustentabilidad de la vida, de otros y la propia, “como: el mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, el cuidado de los cuerpos, la educación/formación de las personas, el mantenimiento de las relaciones sociales o el apoyo psicológico a los miembros de la familia”. Entonces las personas que realizan labores de cuido podrían tener muchos títulos:, podríamos llamarles cocineros, personal de limpieza, educadoras, personal de apoyo emocional, asistentes de enfermería, administradores del tiempo y los recursos familiares, hasta esteticistas y masajistas.

Las labores de cuido tienen muchas dimensiones. Impactan directamente en la salud física y también en la salud mental de las personas. Promueven el desarrollo cognitivo y físico y la independencia de quienes reciben cuidados. Y para todo ello, generan espacios seguros.

Ese es el aporte de todas las personas adultas mayores quienes—a pesar de estar jubiladas o de seguir participando del mercado laboral—continúan asumiendo las labores de cuido para generaciones detrás y delante de ellas.

“Continúa siendo muy importante porque muchas veces si [las personas adultas mayores] no apoyaran o estuvieran dispuestos a colaborar, habrán familias que no pueden salir a trabajar”, dice Alexandra del CONAPAM. “O también, otras personas adultas mayores terminarían en condición de abandono”.

Nuestra edición de octubre 2022, “Las Titas”, explora las realidades del cuido de parte de adultos mayores en Costa Rica: cómo realizan sus labores, cuáles retos enfrentan, y quién está trabajando para apoyarlos. Con el apoyo de la Fundación Yamuni Tabush, hemos también contratado a cinco fotoperiodistas, todas mujeres y madres costarricenses, que se han desplegado por todo el país para capturar un día en la vida de adultas mayores que son cuidadoras. Explore la edición aquí.

Mónica Quesada Cordero
Mónica Quesada Corderohttp://www.mqcphoto.com
Mónica (Co-Fundadora, Editora Gráfica) es una galardonada fotoperiodista con 15 años de experiencia en el desarrollo de proyectos fotográficos en el área editorial, retrato, vida silvestre, comida y arquitectura. Además, cuenta con experiencia en escritura y redacción y una maestría en Producción Audiovisual y Multimedia. Mónica (Co-Founder, Graphic Editor) is an award-winning photojournalist with 15 years of experience developing photographic projects in the editorial, portrait, wildlife, food and architecture areas. In addition, she has experience in writing and a master's degree in Audiovisual and Multimedia Production.

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