La terraza de nuestra sala-comedor es la última frontera entre la mano del hombre y el bosque. Ahí, con la quebrada Lajas a nuestros pies, empieza a germinar el ánimo para la siguiente jornada.

Los días abundan en diversas sensaciones y emociones. Y rara vez hay jornadas de las que no rememoremos algún hecho o situación en particular; usualmente buenos, pero también malos, que los hay.

Somos Ana Mercedes Espinoza Esquivel y Juan Fernando Cordero Arias, y a lo largo de nuestra vida en común hemos asumido muchos retos Tenemos 49 años de matrimonio por cumplir el próximo 12 de julio, y seis años más de noviazgo. El último de esos retos fue convertirnos en pequeños empresarios y en el área del turismo rural, una experiencia totalmente nueva para nosotros. Pero no hay nada que el ser humano no pueda aprender si lo aborda con dedicación y entusiasmo.

Un cliente visiblemente satisfecho y agradecido a la hora de dejar el lodge es posiblemente nuestra mayor alegría, porque es prueba de un trabajo bien hecho por todo el personal. A la vez, eso nos plantea el reto de mantener los estándares de calidad y buscar siempre oportunidades de mejora.

Nos agradan mucho también los comentarios positivos que escriben posteriormente los huéspedes, quienes muchas veces prefieren manifestar su complacencia con la estadía de esa manera.

También nos satisface mucho el ofrecer fuentes de trabajo a vecinos de la comunidad y contribuir hasta donde podamos con el desarrollo de la zona. Una constante en nuestra relación con los huéspedes es incentivarlos a que contribuyan con la economía local, mediante la visita a los establecimientos comerciales y sitios turísticos de Ojochal y sus alrededores. Y agradecerles la preferencia mostrada al escoger Yabá Chiguí Lodge, que es un emprendimiento netamente costarricense.

La familia Romero Romero (don Miguel, doña Dinora y su hijo Jesús) viaja todos los miércoles desde Cartago a la feria de Ojochal. Productos frescos y variados para el lodge gracias al trabajo de los agricultores. Cortesía de Yabá Chiguí Lodge / El Colectivo 506

El antes de la jubiliación

Pero antes de llegar aquí, nuestras actividades personales y profesionales previas se desenvolvieron en entornos totalmente diferentes. Ana Mercedes, ingeniera agrónoma de profesión, con estudios de doctorado en virología de plantas en Inglaterra, trabajó 35 años como investigadora en la Universidad de Costa Rica. Juan Fernando, administrador público y periodista, laboró en varias instituciones estatales y en el periódico La Nación, para un total de 47 años de desempeño laboral. Además, en conjunto ejercimos tareas diplomáticas en representación de Costa Rica en Inglaterra, Singapur e India.

Nacimos en Heredia y vivimos la mayor parte de nuestras vidas en Santa Lucía de Barva de Heredia. Siempre trabajamos en San José y nuestra familia la componen un hijo y dos hijas, más cuatro nietos. Siempre hubo mucha responsabilidad laboral, con trabajos de tiempo completo y atención de las responsabilidades inherentes a la crianza de hijos. Eran otros tiempos, de ciudades más pequeñas y menores congestionamientos, lo que nos permitía hacer en 40 minutos recorridos en los que hoy se demora hasta dos horas.

Pero al mismo tiempo, el trabajo de Ana como investigadora, que exigía mucha entrega y rigurosidad científica, y el de Juan Fernando como periodista, que conllevaba extensas jornadas y disponibilidad los fines de semana y feriados, implicaba necesariamente un equilibrio que logramos alcanzar y mantener durante tantos años gracias al respeto de las respectivas ocupaciones y la solidaridad para apoyarnos mutuamente.

Ana Mercedes Espinoza Esquivel y Juan Fernando Cordero Arias, fundadores de Yabá Chiguí Lodge. Cortesía de Yabá Chiguí Lodge / El Colectivo 506

Hace unos 16 años, visitamos por primera vez el Pacífico sur costarricense y nos topamos con el sorprendente poblado que es Ojochal. Amor a primera vista; aquí queríamos vivir. Podríamos decir que llegamos a esa comunidad por accidente, porque al iniciar el viaje solo teníamos una leve idea del poblado Uvita, muy conocido por su Parque Nacional Marino Ballena. Sin embargo, decidimos avanzar un poco más hacia el sur y 14 kilómetros más adelante, gracias a un rótulo insignificante que casi nos saltamos, decidimos entrar “a ver qué había”.

Si hubiéramos hecho en esa ocasión una bitácora de viaje, posiblemente habríamos escrito algo así sobre Ojochal: entrada de lastre, un plácido riachuelo que invita a seguir, pocas casas y muy dispersas, unos cuantos locales comerciales, diferentes pequeños caminos a seguir, paisajes bucólicos y naturaleza generosa, con el macizo de la fila costeña de guardián imponente.

Muchos años pasaron desde entonces y, posiblemente para bien, esos años no pasaron por Ojochal. Sigue siendo un pueblecito sin mayor pretensión urbana, ningún afán de coquetería, donde todos se saludan sin conocerse, ideal para el descanso y solaz y apetecido paraíso gastronómico. Bastaron entonces unas cuantas visitas más, de vacaciones, para finiquitar la compra de un terreno y esperar la llegada de nuestra jubilación.

Juan Fernando bromeaba diciendo que lo primero que haría una vez pensionado era ir a sentarse todos los días al parque central de Heredia a conversar con sus colegas jubilados. No fue ni una sola vez. Por el contrario, al poco tiempo empezamos a afinar y materializar la idea del pequeño lodge con el que nos mantendríamos ocupados: una jubilación activa, con 134 años de edad en conjunto.

Ana Mercedes Espinoza, co-fundadora de Yabá Chiguí Lodge trabaja en los jardínes del Lodge. Cortesía de Yabá Chiguí Lodge / El Colectivo 506

Yabá Chiguí significa montaña en lenguaje boruca, uno de los grupos indígenas de la región. El lodge, que inició operaciones en mayo del 2016, posee una arquitectura muy original que maximiza los criterios de sostenibilidad y favorece el contacto íntimo con la naturaleza.

Posee cuatro bungalós y un colorido jardín de exuberantes especies tropicales. Todo en conjunto, más el riachuelo y el bosque que circundan la propiedad, propician la tranquilidad y el goce estético y espiritual, experiencias que más aprecian y resaltan los huéspedes.

Entonces, ¿cómo es un día en la vida de esa jubilación activa?

Con huéspedes en el lodge, nuestra actividad empieza alrededor de las 5:30 de la mañana. Sin necesidad de gallo ni alarma despertadora; muchas veces los monos aulladores son los que se encargan del primer aviso, entra 4:30 y 5 am. Si no hay clientes, los primeros pasos los damos alrededor de las 7 am.

El desayuno de los clientes es la prioridad número uno. Aunque cada día es un mismo plato para todos, nos enorgullecemos de tener un menú de ocho opciones diferentes, para que nadie repita desayuno en estadías de varios días.

A las 6 am llega nuestra asistente principal, Vivian, quien se encarga de la cocina. Más tarde, cuando todo queda ordenado en el rancho donde se sirve el desayuno, se dedica a las habitaciones y otras tareas, como abrir temprano los bungalós no ocupados, para ventilarlos o encender los des-humificadores si ha habido mucha lluvia nocturna.

Nosotros servimos los alimentos y atendemos personalmente a los huéspedes mientras desayunan y les damos información o guía sobre diversos temas. Asimismo, compartimos con ellos anécdotas y experiencias de vida en jugosas sobremesas.

Vivian Morales Céspedes es estudiante de la carrera universitaria en administración de empresas, pero además es la mano derecha de los dueños y co-fundadores de Yabá Chiguí Lodge. Cortesía de Yabá Chiguí Lodge / El Colectivo 506

Tenemos dos ayudantes más que vienen una o dos veces por semana, según se requiera: Carlos, para el jardín y labores de mantenimiento, y doña María, que atiende nuestra casa y refuerza en ocasiones a Vivian. Siempre hay mucho que hacer:

Hay que limpiar la piscina y alrededores, medir los parámetros físico químicos del agua y aplicarle sal cuando sea necesario. Hay que cortar los desechos orgánicos que van para el compost. Aplicar los protocolos Covid-19. Recoger las hojas de los senderos y techos. Atender proveedores y visitantes no previstos. Hacer limpieza general. Lavar y secar ropa. Regar las plantas de interiores (solíamos decir que teníamos un vivero en el rancho, ahora pregonamos que tenemos un rancho en el vivero. ¡Son 81 plantas a la fecha!). Ayudar con la compra de productos a pequeños agricultores que vienen una vez a la semana a una feria en el pueblo. Y en este momento, liderar ante la Municipalidad una gestión de vecinos para el arreglo de la calle y recoger fondos para la compra del lastre.

Todo lo anterior es posible gracias a la invaluable ayuda que nos da nuestra hija Sofía desde Irlanda, donde reside ahora. Ella se encarga de las reservaciones, de la página web y redes sociales, del mercadeo del lodge y de otras tareas administrativas.

En temporada alta, con mayor presencia de huéspedes, todos los días son iguales. Con frecuencia olvidamos qué día o qué fecha es, porque las tareas no respetan calendarios. La diferencia en el tipo de labores, pero no en la intensidad, se presenta cuando llega la temporada baja y se reduce la ocupación del lodge. Pero llegan también las lluvias y el mantenimiento aumenta y se dificulta más. Es la temporada de salvaguardar de la humedad los metales, las maderas, los textiles.

Guillermo Herrera Fallas es otro proveedor del lodge. A sus 80 años continúa cultivando naranjas valencianas y criando corderos en Villanueva de Pérez Zeledón, sin ninguna intención de retirarse. Cortesía de Yabá Chiguí Lodge / El Colectivo 506

Dichosamente, tras la “tempestad” siempre viene la calma. Cuando ya cualquier posible requerimiento de un huésped ha sido atendido, preferiblemente cuando todos los clientes ya se han retirado a descansar, cuando la rica biodiversidad circundante no se manifiesta con una sorpresiva visita a una de las habitaciones de una araña amenazadora pero inofensiva, llega la hora de nuestro reposo.

El cansancio no falta tampoco, físico y también mental. Pero cuando llegan, un divertido “¿no era que queríamos estar ocupados?…”, hace que cualquier molestia se disipe pronto.

Los reportajes creados bajo la autoría “Directorio 506” son un esfuerzo conjunto entre el equipo editorial de El Colectivo 506 y los emprendedores y organizaciones que participan en nuestro directorio nacional de turismo rural. Este texto fue creado por Juan Fernando Cordero Arias y Ana Mercedes Espinoza Esquivel de Yabá Chiguí Lodge, Ojochal, Pacífico Sur.

Para más información sobre el Directorio 506, envíe un mensaje de WhatsApp al 8506-1506 o envíe un correo: [email protected].

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here