Fotógrafos disfrutan de los espacios de Posada Monserrat. Cortesía Posada Monserrat / El Colectivo 506

El avistamiento de aves puede ocurrir en cualquier lugar, sólo hay que tener curiosidad y poner mucha atención. Eso lo saben bien todas y todos los apasionados de las aves, como la bióloga Margherita Bottazi, quien además es emprendedora de turismo rural y la dueña de Posada Monserrat en Coronado.

Margherita nos cuenta que se empieza a hacer el avistamiento de aves desde que uno llega a la última parada de buses de Cascajal, en Las Nubes de Coronado. En el camino se pueden observar las aves que habitan la Cordillera Volcánica Central en alturas que oscilan entre 1500 y 1750 m sobre el nivel del mar. Este es un bosque montano bajo nuboso en donde hay muchas especies de aves, especialmente de tierras altas. Muchas de ellas son endémicas y eso es lo que hace a la comunidad de Monserrat un sitio especial para el avistamiento de aves.

Un Trogon collarejo (Nombre Científico Trogon collaris, Slaty-tailed Trogon en inglés) posa para una cámara. Cortesía Posada Monserrat / El Colectivo 506

El avistamiento de aves no es algo sencillo, explica Margherita. Hay que tener conocimiento del comportamiento de las aves, y ademas mucha paciencia. Para facilitar la observación de aves, el secreto es visitar espacios que han sido creados para que las aves se sientan interesadas y seguras. Por eso, en la Posada Monserrat han creado senderos especialmente diseñados con arbustos y árboles que les gustan a las aves. Estas especies de plantas son nativas, lo que permite que las aves se mantengan en la zona y sean más fáciles de fotografiar y de observar. Pero además, siempre ayuda tener estaciones y sitios diseñados para las personas, donde puedan acomodarse a esperar a las aves para verlas y fotografiarlas.

Una persona que tiene interés en las aves siente una gran alegría cuando logra ver un individuo de una especie que no ha visto antes. Las expectativas de los que practican el avistamiento de aves siempre son altas, y cuando visitan esta parte del país incluyen las especies estrella, como el Periquito Barreteado, el Águila Penachuda, el Quetzal, el Roaldo, o el Becard Barreteado. Entonces, cuando logran ver estas especies por primera vez el aire explota una gran—pero muy silenciosa—alegría. Los observadores de aves llaman a estos primeros encuentros “lifer”, pasan sólo una vez en la vida con cada especie de aves y sólo ocurren cuando están totalmente seguros de la identificación del ave es correcta. No hay mayor emoción para un observador de aves, también conocido como pajarero, que un “lifer”.

Un Rualdo (nombre científico Chlorophonia callophrys, Golden-browed chlorophonia en Inglés) posa para una camara. Cortesía Posada Monserrat / El Colectivo 506

Las expectativas de una persona apasionada de la fotografía son un poco diferentes. También quieren ver esas especies, pero además quieren que posen bien, en una forma natural en donde no se vea ningún elemento artificial o que hable de seres humanos, y ojalá estén relativamente cerca. Lograr esa fotografía es la mayor satisfacción.

Niñas viviendo la experiencia del avistamiento de aves. Cortesía Posada Monserrat / El Colectivo 506

El avistamiento de aves es una experiencia que toca todos nuestros sentidos y nos deja muchas ganancias. Al caminar por el bosque o esperar en un balcón la llegada de las aves, vemos el bosque con detenimiento, detallamos sus formas, sus colores, sus luces y sus sombras. Respiramos silenciosamente para no asustar a las aves, y en ese lento aspirar detectamos los olores del bosque, la frescura del aire. Los sonidos de las aves son tan importantes como sus movimientos, y muchas veces esos sonidos son los que nos ayudan a encontrar las aves, o para los conocedores, es una forma de, triunfalmente, marcar la especie dentro de las que hemos encontrado. Son pocas las veces que llegamos a sentir las aves, y de ser así es porque la estamos rescatando de una ventana o de un depredador, pero en el proceso de buscarlas, sentimos el bosque, sus árboles, su tierra. Y el gusto, ese también cuenta, porque no hay pajarero que no empaque su merienda favorita, ya que cuando se sale a buscar una especie, muchas veces no sabemos cuánto vamos a estar ahí quietamente de pie, o caminando lentamente por el bosque, y en algún momento tendremos que aceptar la pausa y llenar el estómago.

Un Pinzon Cafetalero (nombre científico Melozone cabanisi, Cabanis’s Ground-Sparrow en Inglés) posa para una camara. Cortesía Posada Monserrat / El Colectivo 506

Si no ha experimentado nunca la práctica del avistamiento de aves, es momento de hacerlo, porque además es una práctica casi meditativa y, a menos que se convierta en un reto o una obsesión, también debería ser muy relajante.

Los reportajes creados bajo la autoría “Directorio 506” son un esfuerzo conjunto entre el equipo editorial de El Colectivo 506 y los emprendedores y organizaciones que participan en nuestro directorio nacional de turismo rural. Este reportaje fue creado gracias a los comentarios de Margherita Bottazi de la Posada Rural Monserrat en Coronado, San José. Para más información sobre el Directorio 506, envíe un mensaje de WhatsApp al 8506-1506 o envíe un correo: [email protected].

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