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miércoles, mayo 25, 2022

Turismo en comunidades indígenas en Costa Rica: Cabécar y Chorotega

Costa Rica es conocido por ser un país diverso—biodiverso. Pero como hemos visto durante las cuatro entregas previas sobre turismo indígena, la diversidad cultural también es una realidad.

En esta, la última entrega de nuestra serie, vamos a hablar de dos pueblos que respaldan aún más nuestro argumento: la etnia Cabécar y la etnia Chorotega. Las diferencias entre estos pueblos son muchas, permitiendo que los visitantes puedan experimentar la diversidad cultural de los pueblos originarios de Costa Rica. Pero también tienen mucho en común, como lo tienen con los otros seis pueblos indígenas de Costa Rica. A cinco de ellos hemos mirado detenidamente en esta serie.

La diversidad y las semejanzas

Empecemos por hablar del paisaje que les rodea.

Las comunidades indígenas Cabécar se encuentran distribuidas en ocho territorios indígenas entre las montañas de la Cordillera de Talamanca, donde el bosque tropical lluvioso se convierte en nuboso para terminar en páramo.

Los Chorotegas viven en un único territorio en la península de Nicoya, donde el bosque tropical seco hace su último despliegue hacia el sur de Centroamérica.

El pueblo Cabécar es el segundo más numerosos de Costa Rica, según el Censo 2011 del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) después de la etnia Bribri, que se encuentra presente en las laderas Pacífico y Caribe de las montañas de Talamanca. Los Chorotegas son el segundo pueblo indígena más pequeño, después de la comunidad Maleku.

Al igual que los Térraba, Bribri, Boruca, Ngöbe y Maleku, los pueblos Cabécar y Chorotega tienen personas no-indígenas adueñadas de parte de su territorio, “incluso recién adquiridas por ellos”, recuenta Ezequiel Aguirre. Es un emprendedor de turismo rural Chorotega, residente del territorio Matambú en la Península de Nicoya.

“[Hay] muchos indígenas dentro del territorio sin tierra”, agrega Ezequiel. Esta es una realidad que también comentó Hiqui Morera Castro y Lourdes Frasser, mujeres Maleku y Boruca y empresarias de turismo indígena en sus territorios.

Vista aérea de la Casa Cónica en el territorio indígena Nairi Awari, ubicado en Siquirres y Matina de Limón. Thomas Enderlin / El Colectivo 506

“Otros problemas serían la tala y pesca ilegal por los no-indígenas, cacería, y daño ambiental”, dice Leonardo Martines, empresario de turismo Cabécar en el territorio indígena Nairi Awari, ubicado en Siquirres y Matina de Limón. Aunque las otras personas indígenas entrevistadas para esta serie no han hecho referencia directa a esta problemática, no sería extraño que también enfrenten este otro tipo de usurpación de sus territorios.

Pueblo Chorotega y el territorio indígena Matambú

El territorio indígena Matambú fue el segundo territorio indígena en ser delimitado en Costa Rica, en el año 1980. Antes de Matambú, el gobierno de Costa Rica creó el territorio Guatuso de la etnia Maleku.

Sin embargo, el pueblo Chorotega es el pueblo que menos conserva su cultura originaria, al punto de que el idioma ya se ha perdido por completo.

“Somos descendientes de pueblos indígenas Mexicanos y Mayas que vinieron a poblar la gran Nicoya, y cuya cobertura venía desde más allá del lago de Nicaragua hasta el Golfo de Nicoya”, dice Ezequiel. “[Fueron] pueblos que se destacaron por ser pioneros en la agricultura y la alfarería. Con la invasión española, eliminaron poblaciones enteras y los que quedaron fueron convertidos en esclavos”.

Este grupo indígena es conocido como un pueblo alfarero. Comunidades como Guaitil de Santa Cruz de Guanacaste son destinos turísticos reconocidos por la fabricación y venta de artesanía Chorotega en barro, por organizaciones como Coopeguaytil, de quien ya hemos reportado en El Colectivo 506. Sin embargo, a pesar de ser presentada como la cuna de la artesanía Chorotega, esta comunidad no está dentro del territorio indígena Matambú.

Ezequiel Aguirre, dueño de Namu Nekupe en el territorio indígena Matambú de la Península de Nicoya, prepara artesanía tradicional Chorotega. Tomado de la página de YouTube de Namu Nekupe.

La producción y venta de artesanía en barro también se da dentro del territorio Matambú, y cada vez hay más variedad en la oferta de servicios turísticos. Este es un destino que debe ser aprovechado por todos aquellos que visitan las playas guanacastecas.

“El [proyecto de] turismo lo inicié al evidenciar una necesidad, y por otro lado las fortalezas que hay en la comunidad en general”, dice Ezequiel, quien es fundador y dueño del proyecto Ecoturístico, Cultural y Artesanal para el rescate de la cultura Chorotega, Namu Nekupe.

“En mi caso, mi oferta tiene el hospedaje con cabaña en el bosque. Senderos por el bosque a una catarata, a pozas. Producción de la fruta del Dragón. Meliponicultura de abejas prehispánicas que no tienen aguijón, que producen una exquisita miel y 100% medicinal. Y lo fuerte: el taller de artesanías en arcilla, en donde le enseñamos al visitante a cómo hacerla y así vivir una experiencia sui generis”, describe Ezequiel.

Además, cuenta que en el territorio Matambú hay otros emprendimientos de producción de artesanías en semillas y fibras, comidas típicas y productos derivados del maíz, hospedaje y horticultura.

“[Matambú es el] único territorio indígena dentro de una Zona Azul en el mundo”, dice Ezequiel. Una zona azul es un lugar geográfico donde las personas llegan a vivir 100 años en porcentajes hasta 10 veces mayores que en el resto del mundo. Existen sólo cinco Zonas Azules: Okinawa, Japón; Sardina, Italia; Loma Linda, California; Ikaria, Grecia, y el centro de la Península de Nicoya, donde Matambú es el corazón.

Por eso, a pesar de que lo que queda de la cosmovisión, prácticas y tradiciones de la cultura Chorotega es muy poco, los aprendizajes de una visita a este territorio pueden ser muchos.

“Los habitantes [de Matambú] son humildes trabajadores, nobles, familias hospitalarias, muy unidos, respetuosos de la naturaleza y gente con mucha fe”, dice Ezequiel.

Ezequiel Aguirre, dueño de Namu Nekupe en el territorio indígena Matambú de la Península de Nicoya, prepara artesanía tradicional Chorotega. Tomado de la página de YouTube de Namu Nekupe.

Pueblo Cabécar y el territorio indígena Nairi Awari

“El territorio indígena Nairi Awari es uno de los territorios indígenas que mantiene el 100% de la lengua materna, las tradiciones y las prácticas ancestrales. Donde mantenemos nuestra propia cosmovisión, nuestra propia creencia, con respecto a nuestra cosmovisión”, dice Leonardo, quien es co-fundador de Etnoturismo Tsiöbata en territorio indígena Nairi Awari, que ofrece a visitantes la oportunidad de vivir experiencias de la cultura indígena Cabécar.

Según el Censo 2011 del INEC, el 87,6% de la población Cabécar de Costa Rica todavía habla su lengua, el grupo indígena con mayor porcentaje de población que aún habla su lengua. También, los Cabécar tienen la mayor cantidad de territorios (ocho en total) pero son el segundo grupo más grande con una población de casi 14.000 personas. En Nairi Awari, territorio indígena establecido en 1991, viven casi 500 personas.

“Hay aproximadamente 18 familias. Como 80% se beneficia directo [del proyecto Etnoturismo Tsiöbata] con [la venta de] artesanías, comida, guías”, dice Leonardo, “Y el 100% [se beneficia] por el sendero ya que por donde transitan los clientes es el único acceso que tenemos nosotros. Como vamos mejorando el sendero es muy beneficioso para todos para salir a hacer mandados”.

El emprendimiento turístico en la comunidad de Tsiöbata es muy joven, según Leonardo. Apenas tendrá cinco años.

“Los primeros dos años fueron muy complicados. No teníamos con quien contactar, no teníamos alianzas. Y nosotros sabíamos que somos una potencia en la parte turística”, dice. Fue cuando entraron en contacto con la Asociación Mar a Mar, quien ha impulsado El Camino de Costa Rica (lea sobre esta ruta en El Colectivo 506) y desde entonces los diferentes emprendimientos han crecido.

Leonardo Martines, empresario de turismo Cabécar en el territorio indígena Nairi Awari, ubicado en Siquirres y Matina de Limón. Thomas Enderlin / El Colectivo 506

 

“Las actividades que hacemos son camping, guiados, servicio de alimentación, charla sobre la cosmovisión indígena. Pero sobre todo recorrer los bosques vírgenes de nuestro territorio”, dice Leonardo. Cuenta que ya existe otro grupo organizado de mujeres que se llama Alaklä wa tjaneble, y que se traduce como “Mujeres Emprendedoras”. Ellas producen y venden artesanías y ofrecen servicios de alimentación para los visitantes.

“Los que nos visitan pueden saber que están dejando algo bueno porque están colaborando con nuestros emprendimientos. No sólo es una o dos personas que participan en Etnoturismo de Tsiöbata, sino que son varias familias que son parte del proyecto. Por ejemplo, algún producto, como tubérculos, lo compramos a algunas familias de la comunidad, y así los ingresos que se generan prácticamente se dividen para la mayoría de las familias. También, para mantener el sendero, la casa cosmogónica, mantener los baños, mandamos a la gente para que hagan el trabajo y se les reconocen todos estos trabajos”, explica Leonardo.

“Con esto yo creo que podemos crecer como comunidad, siempre enfocado en nuestra propia cosmovisión, nuestra cultura. La idea es enfocarnos más en conservar lo que es propio de nosotros y nuestra cosmovisión”.

Pero Leonardo agrega que el impacto del turismo en su comunidad no sólo es para fortalecer su cultura y asegurar el bienestar de las personas Cabécar que habitan Nairi Awari.

“Estamos muy seguros que el turismo nos puede dar un impacto muy positivo para que la gente que se dedica a la cacería o pesca ilegal ya no entren mucho o ya no hagan esas prácticas”, agrega Leonardo. Entre más tránsito haya en los senderos del territorio, habrá mayor seguridad para la biodiversidad que protegen.

Mónica Quesada Corderohttp://www.mqcphoto.com
Mónica (Co-Fundadora, Editora Gráfica) es una galardonada fotoperiodista con 15 años de experiencia en el desarrollo de proyectos fotográficos en el área editorial, retrato, vida silvestre, comida y arquitectura. Además, cuenta con experiencia en escritura y redacción y una maestría en Producción Audiovisual y Multimedia. Mónica (Co-Founder, Graphic Editor) is an award-winning photojournalist with 15 years of experience developing photographic projects in the editorial, portrait, wildlife, food and architecture areas. In addition, she has experience in writing and a master's degree in Audiovisual and Multimedia Production.

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